No todas las historias son tan crueles

1097 Palabras
Hay muchas historias en el mundo, tantas como el número de seres vivos que habitan este basto y hermoso mundo ¿Alguna vez te has preguntado qué clase de historias contaría un árbol si pudiese hablar? Es exactamente lo que estás pensando, seguramente sería una historia muy curiosa, contada desde un punto de vista completamente diferente al que estamos acostumbrados. En resumen, todos tenemos nuestra propia historia que contar, una larga y pintoresca historia de los sucesos que hemos vivido a lo largo de nuestra vida y cada una de esas historias es completamente diferente y única a su modo particular ¿Me pregunto cuál es tu historia? Seguramente es una historia espectacular que me encantaría leer o escuchar si tuviera la oportunidad. Sin embargo, en esta ocasión te contaré la mía.   Oh, que grosero de mi parte. Estaba tan embelesada delirando sobre pensamientos completamente irrelevantes que olvide presentarme… Mi nombre es Amelia Cruz y soy la hija de uno de los narcotraficantes más temidos de Latinoamérica, El cártel de la Cruz. Espera, antes de que te hagas ideas extrañas, si estás leyendo este diario, seguramente estoy viva o eso espero. Quiero decir, nadie quiere morir después de todo. O puede ser que tu quien encontré esta humilde libreta seas una persona de doscientos años en el futuro ¿No sería eso genial? Vamos, no digas que no, ambos sabemos que sería genial, pero eso significa que estoy más muerta que los memes del gato pepo… Bueno, no pensemos cosas tristes; esta no es una historia triste después de todo. Lo sé, lamento decepcionarte ¿Esperabas muerte y destrucción? ¿Complicadas intrigas e historias de traición? ¿robots gigantes quizá? Talvez haya un poco de esas cosas, pero no demasiado, ¿de acuerdo? Para empezar, no soy una persona tan malvada y presumida… Bueno, quizá un poco, pero solo un poco, ¿vale? Me temo que, si buscas una historia sangrienta, probablemente no pueda cumplir tus expectativas… ¡Sollozo! ¡Sollozo! No, ya hablando en serio, esta es una historia sobre mi primer amor. Es una historia sobre un chico estúpido que me sacaba de quicio a cada oportunidad, ¿sabes? ¿Cómo? ¿Qué deje de quejarme dices? Vamos no seas gruñón, esta historia apenas comienza, ¿sabes? Lo cierto es que la conclusión de esta historia no es la que hubiese esperado, sobre todo tomando en cuenta mi origen, sin embargo, el desarrollo de los eventos es muy interesante y es por eso que decidí escribir este diario. ¿Por dónde debería empezar? Veamos… Supongo que empezar por el inicio de la historia es un buen comienzo... Espera, eso suena algo redundante ¿No? Pensándolo bien, si contara la historia desde el inicio terminaría relatando la forma en la que llegue al mundo y eso sería algo un poco...tu sabes… espeluznante… Dejemos mi niñez para más adelante y saltémonos directamente a mis años de colegio ¿Qué dices? Después de todo, es en este periodo de tiempo cuando conocí a mi alma gemela. Dicho eso, talvez pienses que la familia de un adinerado cartel de las drogas vive una vida glamurosa y rodeada de lujo, pero ese no es el caso en absoluto. Debido a que el punto débil de la mayoría de las personas son sus seres queridos, mi padre compró una casa muy humilde en la que pudiéramos vivir, ya que  según él, era más seguro que viviéramos alejados. Está bien, me atrapaste no era tan humilde, pero tampoco era ostentosa; era una pequeña casa de dos pisos que cualquier familia de clase media baja se puede permitir y estaba ubicada en un sector bastante tranquilo. Supongo que la mejor parte de la historia es que mi colegio estaba apenas a dos cuadras de mi casa por lo que podía dormir hasta tarde. Exacto, dormía cual lagartija asoleándose, por lo que incluso viviendo a dos cuadras del colegio siempre llegaba tarde. Ahora que lo pienso, mi padre sí que vivía en una mansión bastante ostentosa custodiada por perros y sicarios de todo tipo… No, mejor dejemos eso de lado por el momento. Hay algo que es mucho más importante que simples sicarios y mansiones. Y es el hecho de que, el chico que llamó mi atención tuviera una historia más turbia que la mía. Quiero decir ¡Soy la hija de un narcotraficante, por el amor de dios! ¿Cómo puede ser que la historia de un chico completamente normal sea más turbia que la mía? ¿No es eso algo injusto? Ok, voy a respirar, hacer mis estiramientos y calmarme un poco para continuar. Vamos, concentrate Amelia, estas escribiendo una historia, por dios santo. Muy bien, todo listo. Hora de centrarme en la historia antes de que quien lea esto tenga impulsos asesinos en mi contra. Como mencione antes, yo tenía una vida normal, vivía con mi hermano, mi madre y cuarenta tías en una pequeña casa de dos pisos. Ok, no eran tantas, pero ciertamente mis tías prácticamente vivían en mi casa y no eran pocas, eso te lo aseguro. Bueno, una mañana como cualquier otra, me levanté perezosamente y tenía un gato durmiendo encima de mi hermoso rostro. Por supuesto, aparte con molestia a esa bestia irrespetuosa, ya que tal descaro es simplemente inadmisible. Luego de regañar a mi gato por aproximadamente quince minutos, fui a prepararme para ir al colegio. Yo asistía a segundo año de secundaria en aquel entonces y la persona que me gustaba estaba en cuarto año. Es decir, era dos años mayor que yo. Luego de descubrir que mi hermano me había dejado atrás como de costumbre, desayune como una autentica glotona y corrí hacia el colegio. Cuando finalmente llegué al colegio, tras una maratónica carrera de dos cuadras, fui regañada por el inspector como de costumbre. Supongo que el inspector ya estaba acostumbrado a echarme la bronca, debido que orgullosamente fui poseedora del récord mundial de atrasos involuntarios. Como sea, ese fue un día normal en el colegio o eso pensé hasta que un par de amigas me invitaron a una fiesta que se realizaría esa noche y coincidentemente me llego un chisme de que el chico que me gustaba asistiría a esa fiesta. Por supuesto, me negaba rotundamente a faltar. Incluso si no conseguía hacerme amiga de ese chico, de todas formas, sería divertido, por lo que no tenía ningún motivo para negarme a asistir. Pero de haber sabido que asistir a esa fiesta cambiaria mi vida para siempre, probablemente habría elegido otra ropa…
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