El coliseo de los lamentos (Parte 6)

1895 Palabras
  Nunca me había planteado esto, ni siquiera una vez, pero no hay regalo más grande que la vida humana tal cual la conocemos. La razón por la que digo algo como esto, es bastante simple y a la vez bastante difícil de comprender, aunque tengamos la respuesta frente a nuestros ojos a diario. Tristemente todo aquello que poseemos y que es valioso para nosotros, es invisible hasta que lo perdemos. De alguna manera esto es gracioso e irónico si lo piensas detenidamente, el solo pensar que siempre tuviste aquello que anhelas en tu posesión y no fuiste consiente que lo tenías hasta que lo perdiste. En mi antiguo mundo, el ser humano era una de las pocas criaturas que gozaban de una vida particularmente longeva. Después de todo, una criatura que tiene una esperanza de vida que puede llegar a superar los 100 años, no es algo que se vea a menudo. Si lo comparamos con criaturas como perros y gatos que tienen una esperanza de vida máxima de 25 años, suena como una autentica bendición, ¿no es así? Antes fui un ser humano; ahora no estoy seguro ni lo que soy. Un extraño hombre con la apariencia de una momia me dijo varias cosas que han hecho temblar mi sentido común a un nivel que es difícil de describir. En mi mente, era humano; un humano como cualquier otro, pero tras escuchar a esa persona, ya no estoy seguro. Se me dijo que viviría 30 años como tope, es decir que a mis diez años de edad ya casi he alcanzado la mitad de mi vida y lo peor es que encima de eso se me dijo que ni siquiera se me permitirá descasar en paz cuando muera. Por supuesto, esa última parte es difícil de creer y espero que no sea más que una simple superstición, pero ¿Qué pasa si no lo es? Incluso si ignoro esta última parte de convertirme en un monstruo, aún me siento terrible. Supongo que es un sentimiento similar al que tendría un paciente al que repentinamente se le informa que tiene una enfermedad terminal y se le da un tiempo aproximado de vida. Este es un sentimiento que no se lo desearía a nadie. Ese hombre tampoco tiene razones para mentir y por la forma en la que habla, es fácil discernir que realmente es una persona que vivió en mi pueblo natal. Lo que más me preocupa es mi pueblo, las personas que he aprendido a amar con el paso del tiempo; personas que, aunque me consideraban un ser extraño y peligroso debido a su cultura, siempre me trataron como un igual y me demostraron su cariño. El solo pensar que esas personas están condenadas a la extinción me rompe el corazón. Por supuesto, no digo esto a la ligera, he tenido más de un día para reflexionar sobre ello; al fin y al cabo, en este oscuro calabozo no hay otro entrenamiento aparte de pensar. Evolutivamente, mi r**a no es adecuada para sobrevivir en este mundo, esa fue la conclusión a la que llegue tras una cuidadosa deliberación. Lo digo porque en el tiempo que llevo de vida, nunca vi una familia con más de dos hijos en mi aldea, por lo que los números no son el fuerte de mi r**a. Cuidar a esos niños toma mucho tiempo, casi lo mismo que un niño humano. Lo que significa que cuando un niño esté en una edad de los 10 a los 13 años, perderá a sus padres y se verá forzado a valerse por su cuenta. Esto suponiendo el mejor de los casos, qué sería que una pareja saludable tenga a ese niño a una edad de 15 años y lo críen amorosamente hasta que su desarrollo se complete. En otras palabras, en el mejor de los casos, ese niño tendrá 15 años cuando sus padres mueran ¿Quizá esto es lo que los hace ser un pueblo tan unido y comprensivo? Como sea, un pueblo que no puede dejar un área específica, por la razón que sea, está condenado a la extinción si ocurre un cambio drástico en el ecosistema que necesita para vivir. Esto sin mencionar que, somos una especie que cuenta con muy pocos ejemplares que tardan un mínimo de diez años en desarrollarse y que encima de eso, somos poseedores de una esperanza de vida bastante corta. Teniendo en cuenta todos estos factores, la conclusión es sencilla. Es un milagro que una r**a como la nuestra exista todavía, incluso si la mayoría de nuestro pueblo goza del don de la magia. Todo esto, sin mencionar que tenemos un peligroso vecino justo alado; un enemigo que nos supera con una arrolladora diferencia numérica de 133.333 a 1. Lo sé, porque uno de los textos decía que la población aproximada del Imperio era de unos ocho millones de habitantes y mi pueblo a lo sumo tiene 300 habitantes con algo de suerte. Quien haya dicho que no hay mayor bendición que la ignorancia, era un auténtico genio sin par. Mi percepción del mundo ha cambiado mucho desde que llegue a este lugar o quizá, simplemente tengo demasiada información que procesar. Vaya sátira ridícula, nunca pensé que el conocimiento que amasé para aprobar los exámenes nacionales para aplicar a las limitadas becas universitarias que ofrecía el gobierno de mi país tendrían este uso. Supongo que tanto el conocimiento como la belleza, te pueden llevar al paraíso o a la desesperación según las circunstancias. He ignorado a la persona que está a mi lado todo este tiempo, quien ocasionalmente me dirige la palabra, pero sinceramente no tengo ganas de hablar; por primera vez en mi vida no tengo curiosidad y prefiero simplemente esperar mi destino. Al final del día, no soy más que un niño y si bien poseo el conocimiento de otro mundo, si una sociedad no está preparada para aceptar ese conocimiento; ese conocimiento no será más que las palabras sin sentido de un loco. La historia ha demostrado que no importa lo buena que sea una idea, un invento o una corriente política, si una sociedad no se ajusta a ella fracasará inevitablemente. Este hecho tan simple, hace del conocimiento que poseo, algo vano, un engranaje inútil en la maquinaria de la sociedad. Me pregunto ¿Por qué termino pensando cosas como esta cuando me deprimo? ¿No sería mucho más eficiente simplemente no pensar? Como sea una voz poco familiar resonó en mi celda mientras reflexionaba y en el incomparable paisaje que ofrecen los barrotes de lo celda, apareció un rostro que he visto un par de veces en el tiempo que llevo aquí. Era el carcelero, la persona que se encarga de agredirme verbal y físicamente a cada oportunidad que se le presenta; esa persona es quien me llama con desprecio. —“Esclavo.” Dijo aquel hombre de estatura promedio y apariencia descuidada. —“…” Simplemente lo observé con desdén ¿qué más podía hacer? Básicamente soy un condenado a muerte y encima debo morir peleando que curiosamente es lo que más detesto hacer. Por supuesto, hay un motivo para eso, pero no tengo ganas de pensar en ello. En mi mente ya solo hay una cosa que mínimamente me importa y eso es que Shiba y Gresia escapen de este lugar, porque para mí ya no hay esperanza. He perdido mi motivación para resistirme al destino. Después de considerarlo cuidadosamente, me di cuenta de que incluso si logro escapar de este sitio, volveré a una aldea decadente que a penas y se sostiene en su situación actual, volveré para ver a mis padres morir y para poco tiempo después ser exiliado. Suponiendo que sobreviva a estas peleas de coliseo, no queda nada para mi ahí fuera ¿Quizá lo mejor sea asegurar una muerte indolora a manos de un habiloso guerrero y convertirme en el monstruo que dijo ese hombre? Quién sabe, ¿quizá ser un monstruo no sea del todo malo? O por lo menos, desaparecerían estos incompresibles sentimientos que oprimen mi pecho. La verdad, eso no suena tan mal. —“¡Sal de tu jaula, esclavo!” Gritó el fúrico carcelero al ser ignorado. Al darse cuenta de que no sedería a sus deseos el carcelero entró en mi celda y me tomó por el cuello. Por supuesto aproveché el momento que en que me amenazaba para darle un cabezazo. Si bien en este punto no me importa mucho si muero o no, nunca dije que moriría sin pelear. Después de todo, si alguien se acerca a mí con la intención de hacerme daño, mínimamente lo haré sangrar, incluso si pierdo al final. Ese es el precio de hacer daño a otros, me niego a dejar que el abuso sea gratuito. Eso es algo que no a cambiado ni en mi vida anterior, ni en esta. —“¡Maldito bastardo!” Dijo mientras escupía uno de sus dientes incisivos y sabaco el látigo. Recibí ese latigazo en mi hombro derecho, ardió como las brasas del infierno, pero no le daría a ese hombre el gusto de gritar por el maltrato, por lo que apreté los dientes y apenas y produje un pequeño gemido involuntario. —“Te crees muy valiente, eh.” Afirmó. “Afortunadamente mi jefe me ha ordenado maltratarte un poco. Tu sabes, para asegurase de que perderás cuando entres a la arena del coliseo.” El hombre me observó con superioridad. “Por qué no dices nada, mocoso ¿Acaso eres mudo?” Realmente no tenía nada que decir salvo insultos o maldiciones debido al dolor que sentía, por lo que realmente no tenía nada que decir. Amenazar a ese hombre sería una pérdida de tiempo y si todo lo que tenía para decir eran insultos, prefería mantener mi boca cerrada. Quiero decir, en lo personal prefiero mantener la boca cerrada y parecer un imbécil; que abrirla y demostrarlo. Normalmente esta no es mi forma de ser, por lo que supongo que este sitio realmente está sacando las peores partes de mi personalidad. De hecho, me siento como un idiota por pensar todas estas cosas en un intento por fingir ser inteligente; que curiosa pantomima de ser humano me he vuelto. Luego de esa breve interacción, aquel hombre llamó a un par de guardias más y entre todos me arrastraron a un cuarto muy pequeño. Lugar en el que fui golpeado por… La verdad, no tengo idea cuanto tiempo pasó, debido a que perdí la conciencia en un par de ocasiones. Fue solo cuando los esclavistas se hartaron de un muñeco de entrenamiento que no produce ningún sonido que me dejaron tranquilo y me regresaron a mi celda. Vaya lugar reconfortante, nunca me sentí tan bien al entrar a un lugar tan desagradable. El hombre junto a mí, me llama en repetidas ocasiones, probablemente está preocupado, pero siento que no debería malgastar sus energías en un caso perdido como yo. Estaba por decirle a ese hombre que todo está bien, que no pasa nada cuando el carcelero volvió. —“Felicidades, es hora de tu primer encuentro niño.” Me dijo con una sonrisa en su rostro. —“Que curioso, así que esté será el cierre del telón para esta corta obra de teatro” Pensé mientras obedientemente me dirijo fuera de le jaula.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR