Capítulo 13.

1633 Palabras
CADEN Un suave gemido me sacó de mi sueño. El sol todavía estaba oculto tras el horizonte, por lo que debía ser media noche, pero mi cabeza estaba aturdida. Cerré los ojos para intentar volver a dormirme, reconfortado por el cálido brazo sobre mi pecho y la presión de una pierna contra la mía. Otro suave gemido me hizo abrir los ojos de golpe al recordar quién era el que se presionaba contra mí. Mierda. No había tenido intención de quedarme dormida con Maya acurrucada contra mí. Ya era bastante malo haberme dejado abrazar por una tregua, pero si no tenía cuidado, le estaría dando ideas. Necesitaba salir sin despertarla, pero me tenía prácticamente atrapado debajo de ella. ¿Tenía el sueño profundo? Deslicé una mano bajo su brazo y la levanté lentamente, mirando furtivamente su rostro mientras lo hacía. —Caden —gimió, entrecortada y necesitada. Mi corazón casi se detuvo. Ella nunca usaba una voz así cuando decía mi nombre. Maya retiró la mano y pasó sus dedos sobre mi pecho, gimiendo mientras lo hacía. ¿Estaba soñando conmigo? Su cabello oscuro caía alborotado sobre su frente, y sus pantalones cortos se elevaban sobre sus deliciosos muslos, particularmente el que sujetaba los míos a la cama. Maldita sea, ella también olía bien, como a jabones especiados, a loción bronceadora y a aire de verano. Mi pene respondió a sus gemidos y traté de contrarrestarlo con pensamientos sobre todo lo que no era sexy. El hecho de que ella fuera una McGowan, lo que era ver a alguien volarle la cabeza, el hecho de que tendría que enfrentarme a mi padre... nada de eso funcionó. Cuando frotó sus caderas contra mí, mi entrepierna se dobló de excitación. ¿Por qué tenía que estar buena? Habría sido mucho más fácil casarme con alguien a quien odiaba si hubiera tenido la decencia de ser poco atractiva. ¿Qué estaba pasando en su sueño? Dios, me hubiera encantado verlo en la televisión. ¿La estaba tocando? ¿La estaba saboreando? ¿La estaba cogiendo? Mi pene se movía contra su muslo. Se dio la vuelta y se puso boca arriba, con los dedos apoyados en la parte superior del muslo mientras se retorcía contra la cama. Se me puso la piel de gallina en los brazos y no pude evitar extender un dedo y pasarlo por el brillo de su clavícula. Se quedó sin aliento e inclinó la cara hacia mí. Me quedé paralizado, pero ella siguió durmiendo. —Caden... no pares. —Su murmullo dormido era apenas un susurro y sonreí ante sus palabras. Pasé mi dedo por su esternón y seguí su abdomen hasta llegar a su cadera. Sus músculos se estremecieron cuando pasé por encima de ellos y un pequeño jadeo se le escapó de los labios. Una de sus piernas se estiró por la cama mientras deslizaba los dedos entre sus muslos, su respiración se aceleró. Una punzada de celos por el sueño que yo estaba viviendo me invadió mientras veía a Maya tocarse a medias, sin estar lo suficientemente despierta como para hacerlo correctamente. No me estaba inmovilizando contra la cama. Debería haberme ido. Debería haber salido de la habitación y haber dejado la puerta entre nosotros firmemente cerrada. Pero eso hizo que fuera aún más atractivo quedarme y observarla. Los gemidos y gemidos me hicieron querer arrancarle los verdaderos. Quería que mi nombre estuviera en sus labios en el mundo real. En el fondo, era una locura y solo traería más problemas, pero ¿sería peor follar con el enemigo que estar casado con ella? Coloqué mis dedos sobre los suyos mientras los movía contra sus pantalones cortos de pijama ya empapados. Seguí su movimiento mientras se despertaba. Sus ojos estaban entrecerrados por la lujuria y el sueño cuando se encontraron con mi rostro, antes de abrirse de par en par cuando sintió mi mano sobre la suya. Un rubor rojo se apoderó de sus mejillas, más evidente con el cielo que comenzaba a aclarar y que se derramaba sobre ella. —¿Qué estás haciendo? —Retiró su mano de su entrepierna, dejando la mía descansando donde había estado la suya. —Estabas teniendo un sueño sucio sobre mí. Yo estaba disfrutando de la vista. —Yo no estaba. Me presioné contra sus pantalones cortos mojados y ella jadeó antes de cubrirse la boca. —Vamos a jugar al juego de anoche y a fingir que no somos quienes somos. Y me vas a contar tu sueño. —¿Y si me niego? —Entonces dejaré de tocar tu coño mojado antes de que tengas la oportunidad de correrte. —Maya tragó saliva con fuerza cuando aproveché su vacilación para decirme que parara y deslicé mis dedos debajo de los pantalones cortos del pijama, acercándolos hacia ella. Apretó las manos en el edredón debajo de nosotras y me miró a los ojos. —No creo que este juego sea una buena idea. —Yo tampoco. Mañana podemos fingir que no ha pasado nada. —Mi pene luchaba contra mis pantalones deportivos mientras me movía contra ella, moviendo mis dedos hacia su clítoris y haciéndolo rodar en círculos perezosos. La forma en que se mordía el labio me sonaba como si estuviera tomando crack. —¿Todo lo que tengo que hacer es dejar que me toques? —Sus muslos se aflojaron contra la cama mientras sus caderas se levantaban ligeramente contra mi mano. Y cuéntame sobre el sueño. Se quedó callada un minuto mientras yo seguía jugando con ella, la batalla entre la lujuria y el peligro se reflejaba en su rostro. —¿Entiendes que no voy a follarte? Todavía no, pensé. El hecho de que ella estuviera fuera de mis límites emocionales solo hacía que la idea de volverla loca de placer fuera aún más tentadora. Puede que no fuera recíproca, pero la idea de que mi enemiga se retorciera desesperadamente ante mi toque era un embriagador alucinante. —Nunca dije que quería follarte —dije, deslizando mis dedos más abajo, hacia la entrada de ella, pero absteniéndome de hundirlos en su interior. —Me dijiste que tenías hambre y que necesitabas probarme —dijo ella, mientras su garganta se movía mientras tragaba. —Hmm. —Intenté dejarla hablar para ver a dónde iba con eso. —Empezaste a lamerme, a besarme y a morderme por todas partes—. Maya se retorció ante la confesión y la recompensé con un movimiento más firme de mi pulgar sobre su clítoris. —¿Dónde? —Tú… —hizo una pausa mientras yo deslizaba un dedo dentro de ella y su calidez lo aceptaba con avidez—. Joder. —Sigue adelante —le dije mientras detenía mi dedo. —Mi cuello. Empezaste por mi cuello. —¿Así? —Mi boca se apretó contra su pulso y sonreí cuando ella inclinó la cabeza hacia arriba con un delicioso gemido. Besé su piel caliente antes de mordisquearla suavemente entre mis dientes. —Sí. Así de fácil. —Se apretó un poco más desesperadamente contra mis dedos mientras yo seguía saboreando su garganta—. Luego te moviste hacia abajo. —Dilo Maya. —En mi pecho. A mis pezones. —El tono avergonzado de su voz solo me puso más duro. Seguí su descripción, lamiendo y mordisqueando hasta llegar a su pecho. Ella emitió un gemido lastimero cuando saqué mi mano de sus pantalones cortos para bajarle la blusa y liberar sus tetas. —Chica codiciosa. Ella abrió aún más los muslos para que mis dedos volvieran a jugar con ella. Sus tetas eran todo lo que había imaginado que serían debajo de los diminutos bikinis que había estado luciendo toda la semana. Lo suficientemente grandes como para abrirse un poco mientras estaba boca arriba, pero no demasiado grandes como para no mantener su forma. La piel más pálida, que no se había bronceado, estaba coronada por dos pezones marrones. Gemí cuando se endurecieron bajo mi aliento. Cuando puse mi boca sobre un pico, ella movió su mano hacia mi cabello. —Oh, Dios mío —gruñó mientras yo deslizaba un segundo dedo dentro de ella y exploraba sus tetas distraídamente con mi boca. Un mordisco en su pezón me valió un fuerte jadeo y ella se arqueó para levantarse de la cama. Mierda, estaba caliente cuando estaba excitada. —¿Qué más hizo el Caden del sueño? —Me quitó los pantalones cortos y se metió entre mis muslos...— Continué mi recorrido por su estómago, haciendo girar mi lengua alrededor de su ombligo. —...y luego tú... Esperé, concentrando mis dedos nuevamente en su clítoris mientras ella gemía entre respiraciones. —Escúpelo si la quieres, Maya. —Quería probarla y me estaba costando cada fibra de mi ser contenerme. —Me saboreaste. No con ternura. Era áspero y decadente. Como si no pudieras tener suficiente. Le bajé los pantalones cortos por las caderas y las piernas antes de tirarlos al suelo. Me Arrodille entre sus muslos me dio una vista jodidamente épica de ella, desde sus muslos abiertos como águilas en esas piernas asesinas, hasta su delgado estómago y sus tetas presionadas en lo alto donde le había bajado la parte superior, hasta su cabello desordenado y sus mejillas rosadas. Probarla complicaría todo. Mi cerebro me gritaba desde detrás de la espesa niebla de la lujuria. Al día siguiente tendríamos que volver al mundo real, volver con mi padre y sus hermanos y el sindicato. Volver a la lealtad familiar por encima de todo y de todos. Volver a la extorsión, a las conspiraciones y a repartir dolor. Maya gimió mientras me miraba, mi cara a centímetros de su brillante coño. —¿Por favor? —suplicó. Y todo el último atisbo de moderación se desmoronó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR