Enngel. ... —¿Necesitan ayuda? Creo que están perdidas o se escaparon —volvió hablar Amelia. —¡No queremos tu ayuda, ya sabemos todo lo que has hecho madre! —gritó Aslie —No me hables así malcriada, siempre has sido una mojigata. —Por Dios, madre, ¿cómo es que puedes odiarme tanto porque los abuelos me dieron la herencia? Soy tu hija. —No me importa, mi única hija es Olga, ella si tiene carácter y nunca robaría el dinero de su madre. —Vamos, Aslie. —Tomé su brazo. —Claro que no, vendrán conmigo. Agárrenlas. Los hombres de atrás se acercaron a tomarnos, Susy peleó con uno y se defendió muy bien hasta que él la lanzó contra la van y ella no pudo ponerse de pie. El otro me sujetó a mí y a Aslie. —Olga nunca te perdonará esto —dijo Aslie a su madre. —El estúpido de tu padre la

