CAPÍTULO VIIIEl Conde volvió a su mansión cuando el sol empezaba a salir. Entró en la casa con una expresión que atemorizó al velador. Entregó la capa y el sombrero al sirviente y se dirigió hacia la escalera. En el momento en que ponía el pie en el primer escalón, una figura salió de las sombras y dijo: —¿Puedo hablar con Su Señoría? Él se volvió sorprendido y vio a la niñera de Sabrina, de pie en el vestíbulo. —¡Es muy tarde!— contestó el Conde, con la mano en la barandilla. —¡Lo que tengo que decirle es urgente, milord! Había en la voz de la nana una nota de autoridad que el conde reconoció. Hubiera querido decirle que esperara a más tarde pero, encogiéndose de hombros, cruzó el vestíbulo hacia la biblioteca. La niñera lo siguió y al entrar en la habitación, cerró la puerta tras e

