CAPÍTULO VIII-2

2943 Palabras

Sus gritos fueron repetidos por otras mujeres y varias de ellas extendieron sus manos sucias y huesudas hacia Sabrina, como si quisieran arrastrarla hacia ellas para quitarle la capa. Se veían tan amenazadoras, que Sabrina retrocedió hacia la carcelera, como buscando su protección. —¿Asustada?— preguntó burlona la mujer—. Bueno, puede obtener mejor acomodo, si puede pagarlo. —Pero… no tengo… dinero— tartamudeó Sabrina. —Bueno, entonces, no puedo hacer nada por usted. En ese momento la carcelera bajó la mirada hacia Sabrina y vio el broche de turquesas y brillantes, a través de la capa entreabierta. —Trae joyas— dijo la mujer en un tono diferente—. Yo se las puedo vender. Sabrina se llevó la mano al broche. —Sólo tengo este broche— dijo, pero no es mío… me lo prestaron. —Se lo van a

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