Había todavía muchas cosas que hacer. Ella y su nana se habían preocupado de acomodar las sillas en el comedor, para los asistentes al remate. El subastador había mandado un pequeño estrado y un escritorio, desde el cual dirigiría el remate. Cuando el hombre recorrió la casa para hacer un catálogo del contenido de la misma, Sabrina, que lo acompañaba, se sintió avergonzada por la cantidad de cosas rotas o dañadas que encontraron. Sin embargo, la lista de las cosas que iban a ser vendidas resultó bastante larga. La encabezaba la casa y concluía con su caballo, Mercurio. —Lo mejor que tienen es ese caballo— dijo el subastador—. Si lo ponemos al último, alentará a los que se interesen en él a quedarse hasta el fin. Eso es importante. No queremos que la gente se vaya demasiado pronto. En es

