ABRIL
Nos encontramos en la cocina, tomando nuestro chocolate caliente. Le estoy mostrando a Adam parte del artículo sobre perros famosos.
—Ves estos perros famosos son muy lindos— digo, apoyando los codos en la isla de la cocina. —Eso es lo que hizo de este artículo en particular una importante obra periodística. Estoy bastante segura de que tendré noticias del comité Pultizer cualquier día—
Dejo de hablar. Adam y sus silencios me ponen nerviosa. Me hace sentir que el silencio no es silencio, como si fuera algo que no puedo escuchar, algo a lo que no estoy ponieno atención. Si escucho lo suficiente, de repente oiré..
—Una pregunta— finalmente dice reflexivamente, tomando otro sorbo de chocolate caliente, de pie al otro lado de la isla de la cocina. —¿Pertenecen los perros a celebridades, o son los propios perros celebriadades?—
—Lo primero— le digo. —Pero gracias a mi próximo lanzamiento—
—Podrías hacer una serie completa sobre mascotas de celebridades— dice —Gatos, perros. Pájaros. Hamsters—
—Podría escribir sobre extrañas mascotas de celebridades—digo haciendo girar el último tercio de mi chocolate en la taza. —Podría escribir un artículo de reflexión sobre el significado de las mascota y que constituye exactamente una mascota. ¿Es un gato al aire libre una mascota? ¿Puede un lagarto devolver el amor? Si alimentas los pájaros, ¿se convierten en tu mascota?— En el suelo el perro suspira dramáticamente y apoya la cabeza sobre las patas.
—¿Los animales tienen que tener nombres para ser considerados mascotas?— murmuro.
—Ella tiene un nombre, simplemente no se cuál es— Adam dice.
—Pobrecita— le digo al perro. Su cola golpea el suelo dos veces. —Alice. Brenda— supongo. Sin reacción. —Chanel. Denise. Florentina—
—Georgette— dice Adam. —Vamos en orden alfabético, ¿verdad? Harriet— El perro no reacciona en lo más mínimo.
—No creo que sea Harriet— digo. Hay otro silencio. Cambio mi peso contra el mostrador, todavía de pie, la olla que contenía el chocolate caliente todavía sentada en un salvamanteles a mi derecha, vacía. Respiro hondo, espero y escucho silencio.
—No quiero nombrarla mientras sigo buscando activamente a sus dueños— dice finalmente Adam, su voz baja y pausada flotando en el silencio. —Si le doy un nombre, sentiré que es mía, y odiaría hacer solo eso para tener que devolverla—
—Podrías dejar de buscar— le digo, con mi taza entre mis manos. —No tienes que hacerlo. Probablemente no los encuentres si no lo has hecho ya—
—Me gustaría que alguien me notificara si la perdiera— dice. —¿Cómo podría hacer algo diferente?— Esta vez el silencio es mío, aunque deje de intentar encontrarlos, así de fácil está en la punta de mi lengua, porque se que el está en lo correcto, o al menos para si mismo. Adam no podía hacerlo de otra manera.
—El periodismo impreso se está muriendo— digo de repente, y tomo el último sorbo de mi chocolate caliente, ahora frío y arenoso, pero aún bueno. —Ya nadie quiere pagar por las noticias. Y nadie quiere leer las noticias, solo quieren ver historias agradables sobre patitos rescatados de los desagues pluviales y niños en los desfiles de Acción de Gracias, y quieren leer un sin fin de listas de las diez peores Novias de la historia o “no creerás lo que estás mamá están haciendo en la playa”. Realmente nunca respondí tu pregunta antes. Así es como va mi búsqueda de trabajo. Es mierda—
Adam esta en silencio por un largo momento, y luego me mira. Me siento como un mosquito atrapado en el ambar dorado de sus ojos, incluso cuando me doy cuenta de otra cosa en el: que tiene unas pocas pecas en las mejillas, que se esta frotando lentamenet con la parte exterior de la taza mientas la ahueca en su mano grande y aspera.
—Lo siento— finalmente dice. —Buscar trabajo es una mierda—
—Creo que tengo que hacer otra cosa y no se que— admito.
—¿Quieres hacer algo más?— el pregunta
—Quiero tener un trabajo y salir de aquí otra vez— le digo. —Quiero no vivir más en la habitación de mi infancia y escuchar a mi mamá cantar en la ducha o a mi papá eructar en la cocina. Quiero que mi estúpido hermano deje de acturar como si mi exnovio fuera el lider de una célula terrorista en lugar de simplemente algún imbécil— Cierro la boca pero es demasiado tarde porque acabo de mencionar a Brad a Adam y no fue mi intención. Estoy seguro de que lo sabe, porque Henry nunca se ha guardado nada para si mismo en toda su vida, pero no quería hablar de Brad delante de él. —De todos modos— digo, tratnado de alejar esta conversación de mis malas elecciones de novio. —Creo que tengo que encontrar algo más que hacer con mi vida y no se que es eso, y para ser honesta. Realmente no quiero encontrar otra carrera porque me gustaba esta. Mayormente—
—Lo resolveras—dice, en voz baja. —Al menos por pura tenacidad—
—Tenacidad— repito, ambas manos alrededor de mi taza vacia. —Me gusta eso. Usualmente se le llama testarudez— Adam solo sonríe. Extiende una mano, a través del mostrador, y de repente mi corazón se acelera. Mis entrañas se ponen pegajosas. Mi corazón late más rápido e instantáneamente, siento como si yo tuviera seis años otra vez y el nueve, trepando al mostrador para rescatar mi conejito de peluche que Henry puso allí.
Contengo la respiración, luego pongo mi mano en la suya. Es cálido y aspero e incluso en este simple toque, puedo sentir su fuerza. Mis entrañas se convierten en un remolino. Adam mira nuestras manos unidas, luego me mira a mi.
—En realidad me estaba ofreciendo a tomar tu taza— dice, asintiendo con la cabeza, frente a mi en el mostrador. Mierda. Maldita sea, ahora mismo me gustaría convertirme en baba y simplemente derretirme en las grietas de su hermoso piso de madera acabado a mano. Por supuesto que quería la taza, obviamente quería la taza, y aquí estoy actuando como si estuviéramos teniendo algún tipo de momento.
No estamos teniendo un momento. El único momento que estamos teniendo es que yo hablo demasiado y el se ofrece a quitarle las tazas sucias a la hermana pequeña de su mejor amigo, con quién actualmente esta siendo muy amable porque, de nuevo, soy la hermana pequeña de sus mejro amigo.
—Cierto. Lo siento. Correcto. Aquí esta, ten cuidado, todavía queda un poco en el fondo, ¡Gracias!— digo, ya riéndome nerviosamente. Adam toma la taza, se gira, las coloca suavemente en su fregadero limpio y vacio. —Voy a salir allí— digo, señalando con el pulgar sobre mi hombro —¿Por allí? Estare allí—
—Llamaré de nuevo a la compañia eléctrica— dice, y escucho el débil click de un teléfono que se levanta de un auricular. Ya me di la vuelta y me dirigí a la sala de estar, agradecida de que esté oscuro aquí y Adam no pueda ver que estoy roja como un tomate.
Después de ese momento bochornoso, para mí. Estamos en la sala de estar, revisando unos mapas de zonas boscosas que tiene Adam en su mesa de centro.
—¿Qué crees que causó eso?—
—Vandalismo, lo más probable— dice Adam, apoyando los pies en la mesa de café. —Aunque admito estar desconcertada por el asunto— Estamos sentados en su sala de estar, en dos sofás de cuero que estan en esquina uno del otro, con su mesa de café en el medio. Entre eso y la chimenea esta Jebediah, sua alfrombra de piel de oso. Adam no tuvo nada que ver con la muerte de Jebediah. Si no recuerdo mal, fue asesinado por cazadores furtivos y Adam no vio ningún punto de dejar que algo perfectamente bueno se desperdicie. Me inclino sobre la mesa de café, con una pequeña linterna de camping en la mano, examinando el mapa del Bosque Nacional de Las Cumbres que tengo delante. Hay un area de color verde oscuro con forma de berenjena etiquetada como Montaña del mapache, y cerca del medio, dos X dibujadas a mano.
—¿Es un area silvestre?— pregunto. —Eso parece bastante complicado para algo que probablemente no muchas personas vean—
—Es la mejor explicación que he encontrado— dice Adam. —Algunas personas solo quieren ver arder el mundo. Todo esto aterrizo en mi escritorio hace una semana y no he entendido nada, esto no tiene ni pies ni cabeza.
—¿Por qué estás a cargo de los árboles ?— pregunto, sin dejar de mirar el mapa con la linterna.
Adam se ríe. —Señorita, los árboles se hacen cargo de si mismos— dice. Le lanzo una mirada desconcertada, luego alcanzo otro mapa. Más áreas silvestres. —Todavía tengo que inducir a un árbol a escuchar mi consejo— admite Adam. —En el mejor de los casos soy un cuidador de árboles. Aunque mediocre, a juzgar por todo esto.
—¿Estás seguro de que era la misma persona?— pregunto, mirando la Montaña del mapache a Hickory Trap y viceversa, —¿Cuántos hay?—
—No, y tres— dice.
—¿Tres árboles ?—
—Tres incidentes, cinco árboles — dice, y luego hace una pausa. Se inclina hacia adelante, con los codos en las rodillas, la cara iluminada por una linterna y una vela y me pongo tan nerviosa de nuevo. Me siento de catorce años y nueva en los enamoramientos, o al menos en los enamorados que se fijaron en mí.
—¿Puedes guardar un secreto?— pregunta en voz baja.
—Claro— digo. Se frota las manos, estudiándome por un momento. —Yo no soy Henry— le digo, medio sonriendo.
—Uno de los árboles que cortaron en Hickory Trap fue Girthy Glenda— dice. Luego hace una pausa, como si estuviera esperando la noticia para sorprenderme es que haya un árbol llamado Girthy Glenda. —Fue nombrado en la década de 1930— dice como si eso explicara algo. —Y es el roble rojo del este más grande de los Estados Unidos— luego suspira. —Era— se corrige a si mismo.
—¿Quién es el segundo más grande?—
—Eso no lo sé —
—Bueno, uno, no puedo creer que no sepas eso y te llames arbolista, y dos, ese árbol es tu sospechoso número uno— le digo. —Big Berha solo quiere ser el roble rojo número uno en los Estados Unidos—
—Read Oak— me corrige Adam, sentandose en el sofá.
—¿Glenda ni siquiera era el roble rojo más grande en general? — bromeo, mirando de nuevo los mapas.
—Preferiría que nadie se enterara de que ella fue una víctima— dice. —Honestamente prefiero que nadie se entere de todo este fiasco—
—Creo que nuestra nación merece llorar a Glenda— digo. Hay un silencio. Escucho, y después de un momento, miro a Adam.
—Cuando visitamos el sitio descubrimos que tenía doscientos sesenta y siete años— dice en voz baja, con los ojos en los mapas. —Estaba viva aún cuando se redacto la declaración de independencia. Estaba viva durante la guerra civil. Sobrevivió al menos tres incendios forestales y quién sabe cuantas sequías, ventiscas y tormentas eléctricas, solo para que alguien la matará por nada, sin ningna razón en lo abosoluto— Mis ojos se posan en la X del mapa y me siento como una idiota.
—Prefiero que esto no se haga público todavía porque tengo miedo de los imitadores— dice. —Nunca lo entenderé, pero cada vez que publicamos vandalismo en terrenos públicos, hay una oleada de imitadores— Ambos estamos en silencio por un largo momento, y yo respiro, escucho y descubro que ya me estoy acostumbrando.
—¿Dijiste que fueron cortados con hachas?— pregunto, mirando los mapas de nuevo.
—Los árboles en Silk Rock lo fueron— dice, inclinándose hacia adelante y entregando un tercer mapa. —Los troncos eran más delegados—
—¿Quieres decir menos corpulento?— No se porque dije eso. La palabra que buscaba era grueso
—Si— dice, con total naturalidad. —En La montaña del mapache, parece que usaron una combinación de hacha y sierra manual. Y en Hickory fue una motosierra—
—¿Estás seguro?— pregunto, agarrando el mapa de Hickory Trap de nuevo. He usado una motosierra antes. Esas cosas son pesadas, y aparentemente, Grithy Glenda estaba bastante lejos de la carretera más cercana.
—Bastante seguro— dice. —Tengo una familiaridad pasajera con el aspecto de un árbol talado— Punto a favor.
—¿Así que alguien arrastro una motosierra hasta un area silvestre para cometer algun acto de vandalismo?— Pregunto, tratando de juntar las piezas, porque esto simplemente no encaja.
Adam suspira. —No tengo otra explicación— dice. —No parece que se hayan llevado nada. No parece que hayan dejado nada, simplemente talaron algunos árboles viejos— Hay una larga pausa. Las velas parpadean y miro las X en el mapa.
—Abril, estoy perdido— dice. —Quiero atrapar a quienquiera que haya hecho esto y quiero evitar que lo vuelvan a hacer. Ni siquira se que no lo han hecho. Podrían haber talado innumerables árboles en las profundidades del bosque, y es posible que nunca lo sepamos—
—Lo siento— digo. —Desearía poder ayudar—
—Gracias— dice simplemente, luego se levanta del sofá. —Voy a llamar a la compañia eléctrica de nuevo— mientras se aleja, saco mi teléfono y miro la hora. Dios santo, son las nueve y media. Podría jurado que estuve aquí durante trenita minutos, tal vez una hora, pero supongo que me equivoque.
—Está bien muchas gracias— dice Adam en la cocina, y luego escucho el clic de un teléfono que regresa a la base, pasos regresan. Hacen una pausa. —Parece que vas a pasar la noche aquí— Adam dice, —Todavía no han llegado tan lejos. Suena como si hubiera algun daño importante más cerca de la ciudad y todavía están trabajando en eso— Yo estoy aturdida, no logro escuchar lo que Adam me dice, solo escucho en mi cabeza,
—Oh— digo, el zumbido en mi pecho se convierte en un traqueteo a gran escala. —¿Está bien? — Mis pensamientos están zumbando, chocando entre si, freneticos mi conciencia dice: Tal vez solo tiene un dormitorio. Creo. Y solo una cama, y por alguna razón solo una cobija, y ya sabes se pone muy frío en la noche, así que tendras que acurrucarte para sentir calor, sus brazos sólidos...Al rededor tuyo, cálidos y sólidos... Que pensamiento tan ridículo. Adam obviamente tiene más de una manta
—Por supuesto— dice
—No quiero importunar— prosigo. —Si prefieres llevarme de regreso a mi auto, está bien, o...— Me detengo, porque no estoy muy segura de adonde voy con esa oración, y puedo decir por la mirada en el rostro de Adam que no tiene sentido terminarla.
—Sinceramente, no estas sugiriendo que te lleve de regreso a tu auto eléctrico para que puedas pasar la noche en el, en lugar de aquí- dice.
—No cuando lo pones de esa manera— admito.
—Bien— dice. —Puedes tomar mi dormitorio, prepararé un catre en la oficina—
Me invade una oleada de ansiedad repentina. No puedo dormir en su cama, en su dormitorio. No puedo.
—Me quedo en el catre, es tu cama— le digo. El no dice nada, solo sonríe y pasa junto a mi, hacia las escaleras.
—Adam— lo llamo. — No puedo dormir en tu cama mientras tú..— No me deja terminar la frase cuasndo se da la vuelta y se va.
Cuando vuelve a bajar, discuto un poco más, pero no llego a ninguna parte. Adam solo sonríe detrás de su barba y me pregunta si me gustaría llamar a mis padres para que no se preocupen. Si. Estan muy aliviados de saber que estoy en buenas manos. Tenemos sandwiches de mantequilla de mani para la cena a la luz de las velas. Después, me entrega un cepillo de dientes nuevo, todavía en el paquete, y le agradezco. No quiero comparar a Adam con mis ex. Francamente, es injusto y francamente, estoy cansada de pensar en ellos.
Pero basta decir que ninguno de ellos era lo suficientemente adulto como para tener cepillos de dientes adicionales. Estoy bastante segura de que más de uno uso el mismo cepillo de dientes durante años. Vuelvo a protestar por los arreglos para dormir. Le digo a Adam cuanto me encanta dormir en catres de camping, pero al final, Adam entra en su estudio, llama al perro, le da las buenas noches y cierra la puerta. El hombre es frustrantemente bueno para ganar discuciones.
De pie en el pasillo del desván, miro hacia el primer piso de su cabaña y por un momento, considero dormir en el sofá solo ara probar un punto. Sin embargo, eso parece grosero. Una cosa es protestar por la hospitalidad y otra muy distinta rechazarla. Entro en su dormitorio con una pequeña linterna en la mano. Me siento como si estuviera traspasando, como si siguiera siendo esa niña de diez años increiblemente entrometida que revisó el armario de sus padres una vez que estaban fuera. Que lamento por cierto.
Su cama está hecha. Sus sábanas son bonitas. La habitación es sencilla pero ordenada, muebles rusticos, una pequeña estantería, una camisa de franela tirada sobre el respaldo de una silla. Hay ventanas a lo largo de dos paredes, cortinas blancas simples sobre ellas. En una pared hay una impresión enmarcada, y sostengo la linterna frente a ella. Es la portada de East of Eden ampliada. Lo estudio un largo momento, tratando de recordar de que se trata, pero finalmente doy un paso atrás porque parece que no es asunto mío.
Miro alrededor de la habitación rápidamente. Una pequeña parte de mi está tentada de ver que hay en sus cajones, en su armario, debajo de su cama. Durante la mayor parte de mi vida, Adam ha sido amable pero distante, agradable pero tranquilo, presente pero remoto y esto se siente como una oportunidad para mirar debajo del capo, por así decirlo. Resisto el impulso. Ya siendo que he entrado en este espacio tranquilo y pacífico como una bola de demolición y que Adam se va a arrepentir de haber sido amable con la hermana pequeña.
Finalmente, me siento en la cama. Me quito la ropa que me presto Adam, la doblo, la pongo en el suelo al aldo de la cama. Me deslizo entre las sábanas, pongo mi cara en su almohada e inhalo, preguntándome a que huele, pero el único olor es jabón de lavar. Me cambio las sábanas. Me quedo ahí, pensando. Pienso en él, empapado bajo la lluvia, vistiendo guantes de goma y botas de goma. Pienso en el levantándome sin esfuerzo, bajándome suavemente. Prestarme ropa, hacer chocolate caliente. La forma en que se detuvo un momento cuando tomé su mano, el tiempo suficiente, antes de decirme que solo quería la taza, e incluso solo en la oscuridad. Me tapé la cara con las manos.
Me toma mucho tiempo conciliar el sueño.