5- ES ALGO MÁS QUE LEALTAD

2107 Palabras
ADAM Abril ahora esta desnuda en mi baño. Presumiblemente. Es razonable suponer que, varios minutos después de cargar dos baldes grandes de agua, colocarlos en la ducha a pesar de sus protestas y señalar el jabón y el champú, se ha desvestido y se está bañando. La hermana pequeña de Henry. Está desnuda ahora mismo. Al otro lado de esa pared. Es un pensamiento que no debería de estar pensando en abosoluto, pero es imposible distraerme. Me alejo, hacia el oscuro interior de la casa, evitando poner mis ojos en la puerta del baño como si eso ayudara. Abril me hace sentir que de repente ya no entiendo el mundo que creía que habitaba. Me hace sentir como si estuviera caminando por un territorio nuevo sin mapa ni brújula. Me hace sentir como si, sin previo aviso, la sólida pared que construí con mis propias manos pudiera convertirse de repente en paneles de vidrio transparente. Me hace sentir que el mundo esta al revés e impredecible y que hay dimensiones enteras en la realidad que nunca había considerado antes, esperando que yo las descubra. Y, sin embargo, cada vez que hablo con ella, siento ese puño de hierro en mis entrañas, la pesadez que me aprieta y susurra; Aunque no he hecho nada. Además de traerla a casa. —No— gruño en voz alta para mi mismo, de pie en mi cocina, de espaldas a la puerta del baño. El perro me da una mirada. —Tú no— le digo, y ella bosteza. Finalmente, en ausencia de Abril, ella viene y me presta el mono de calcetín. Después de unos minutos de lucha, me deja revisar su pata, que está casi curada por completo, nada más que una línea rosada en un trozo de piel afeitada. Hace unas semanas, mi hermano menor, Mark, estaba organizando un asado en su casa cuando del perro se acerco. Estaba sucia flaca y cojeaba, pero era amable y tengo debilidad por los animales. Abril estaba allí, junto con su hermano Henry, se que se ha convertido en una especie de honorario hermano Benson. Ella me ayudo a vendar la herida a vendar la herida fea en la pata del perro, y lo siguiente que supe fue que la llevé a casa, al perro no a Abril, y la dejaría dormir a los pies de la cama. La llevé al veterinario, le miré la pata correctamente. No tenía un microchip. Colgué volantes por todo Ojai, publicados en todos los foros de internet relevantes. A nadie le faltaba un perro callejero blanco y n***o de tamaño mediano que podria ser parta labrador, en parte pastor y en parte algo más. El hecho continúa, sin embargo, que ella fue indiscutiblemente alguna vez el perro de alguien. A pesar de que estaba sucia y hambrienta, claramente habia sido bien cuidada en algún momento. Es amable, familiarizada con la gente. Lo más revelador de todo es que está rota en casa. Se sienta pacientemente junto a la puerta trasera cuando le gustaria que la dejaran salir. No se sube al sofá ni a la cama. Nunca mastico nada que no fuera un juguete para perros. Ella es un buen perro. Posiblemente el mejor perro. Y es dolorosamente claro que ella no es mi perro. Bajo su pata y la rasco detrás de las orejas, mirando una vez mas hacia la puerta del baño antes de ir al armario y sacar las velas y lamparas de emergencia, colocarlas sobre la mesa del café y el mostrador en caso de que la energía no vuevla antes de que oscurezca por completo. Se oye un chapoteo en el baño. Respiro hondo y me concentro en la veta de la madera de la pared al otro lado de la sala de estar, las líneas oscuras gráciles y que fluyen como el agua. —Vamos a tomar chocolate caliente— le digo al perro, cortando mi propio hilo de pensamientos y poniendome de pie, con la lengua colgando de su boca en un agradable acuerdo, y levanto las cejas. —Tu no— le digo, entrando en mi cocina. —Eres un perro. Si te diera chocolate, tendría que llevarte de vuelta al veterinario, y hasta ahora no has disfrutado de las visitas— Su entusiasmo no decae. Rápidamente reúno los artículos necesarios para el chocolate caliente: leche utltrapasteurizada estable, azúcar, cacao, sal, una cacerola, mi estufa de propano para acampar, y el perro y yo nos dirigimos al porche delantero. Ya casi ha dejado de llover, aunque el aire todavía esta tan húmedo que se siente como si pudieras escurrirlo. Rápidamente coloco todo en una pequeña mesa de madera entre dos sillas Adirondack, luego me acomodo en una y espero a que alcance la temperatura adecuada. Y no pienso en el estado actual de vestirse o desvestires de Abril. No me imagino la mirada que pondría Henry si supiera lo que estoy pensando. No recuerdo el breve peso de ella sobre mi hombro, no recuerdo la forma en que sus shorts deportivos subían por sus muslos cuando se sentaba en la cabina de mi camioneta, y ciertamente no lo recuerdo. Contemplo el hecho de que cada vez que la veo, mi mente se queda en blanco. Me llevo la silla y empiezo a caminar de un lado a otro en el porche delantero. Observo a dos ardillas que se persiguen alrededor de un pino blanco. Veo unos pajaritos revolotear alrededor de un roble. Mi mamá siempre me pide que instale algnos comederos para pájaros cada vez que me visita, pero hasta ahora me he resistido. Son animales salvajes. Si les doy de comer, llegaran a necesitarlo. —Oh bien, ahí estás — dice la voz de Abril de repente, y me giro. Esta parada en la entrada, su cabello rubio anudado en la parte superior de su cabeza, usando pantalones de chandal verde oscuro, y una sudadera azul que tiene dos tacos de billar cruzados y dice "Liga de billar las cumbres" en amarillo. Todo es demasiado grande para ella. —Gracias por el traje— dice ella. —Lo siento, no tenía nada más chico— —Los mendigos no pueden elegir— dice, encongiendose de hombros, saliendo al porche descalza. Se para en lo alto de los escalones, mira hacia el bosque. La observo, sin palabras aunque entiendo las reglas de la comunicación humana y se que ahora es mi turno. Debería decir algo ingenioso, encantador, algo que haría que sus ojos se iluminaran con una sonrisa, tal vez incluso con una carcajada. Mi mente esta completamente en blanco. —¿Quién es Joey?— ella pregunta de repente —¿Joey?— repito tontamente, tratando de pensar en un Joey. Ni uno solo viene a la mente. —Joey— vuelve a decir Abril, y señala sus pechos. Imposible, mantengo el contacto visual. No estoy respirando. Tengo el loco y el salvaje pensamiento de que estoy siendo probado. Tal vez la última ruptura de Abril envió a Henry, el es un hermano mayor sobreprotector, completamente al revés y ahora de alguna manera están trabajndo juntos para poner a prueba mi lealtad a nuestra amistad. No es el pensamiento de un hombre racional, pero es el pensamiento que tengo. —No creo que conozca a un Joey— le digo, mirando directamente a sus ojos verdes. Abril ahora me mira como si estuviera hablando un idioma extranjero. —¿Estabas en la liga de billar?— ella pregunta. Es la sudadera. Por supuesto que es la sudadera. Soy un idiota. —Solo brevemente— le digo, aliviado. Mantengo el contacto visual, pero no necesito mirar mi antigua sudadera de Las ligas de billar para saber que, debajo del logo dice "Noquealos bien Joey" —Cuando recién comence con el servicio forestal, había algunos guradabosques mayores, así que me uní. En su mayoría querían fumar y beber cerveza juntos, así que no duré mucho— Por un breve momento, dejo que mis ojos se desplacen hacia el logotipo y el texto de la sudadera. —Además soy terrible en eso. Y nunca supe quién era Joey, o si los noqueo— digo cruzando el porche para remover el chcolate caliente. —Probablemente lo hizo— dice Abril, apoyándose en la barandilla del porche, con las manos a los costados. —Incluso yo eventualmente puedo derribarlos a todos, si me das el tiempo suficiente— pruebo el cacao. Todavía necesita unos minutos más. Las estufas de camapamento no tienden a ser rápidas. —¿Eso es chocolate caliente?— pergunta Abril. —Lo es— confirmo, acomodándome en la silla Adirondack, cruzando un tobillo sobre una rodilla. —Es una tradición de cortes de energía. Mi padre solía romper la estufa de campamento cada vez aue había un corte de energía por un tiempo cuando eramos niños, así que comencé a hacerlo también— Abril se sienta en la otra silla Adirondack y se sienta con las piernas cruzadas, levantando las mangas de la sudadera mientras lo hace. —Lo hiciste alguna vez cuando Henry estaba allí?— pregunta, con los ojos entrecerrados como si estuviera calculando algo. —Estoy seguro— le digo. —Bueno, eso explica eso— dice ella. Levanto las cejas, espera. —Lo intentó una vez cuando tenía doce o trece años— continúa, suspirando, apoyando la cabeza contra el respaldo de madera de la silla. —Solo que fue un idiota y lo hizo en su habitación sin ventilación, dónde de alguna manera logró incendiar algunas tareas— Empiezo a reír, a mi pesar. —La alarma de humo y el detector de monóxido de carbono se activaron exactamente al mismo tiempo, lo que, sinceramente, es algo impresionante de la peor manera posible. Mis padres lo castigaron durante dos semanas y le obligaron a escribirles un ensayo de cinco paginas sobre los peligros del envenenamiento por monóxido de carbono— dice. —¿Puede Henry escribir cinco páginas ?— pregunté, todavía riendo. —Deberías de haber visto el tamaño de la letra y los márgenes en esa cosa— dice Abril, girándose para mirarme y sonriendo. —Me dijo que estaba castigado por hacer volteretas desde el techo— le digo. —Oh, el también hizo eso— dice Abril — Una vez monto su bicicleta desde el techo. No se como nadie se dio cuenta de que había subido allí en primer lugar. Eso es culpa de mis padres, de verdad. Es increible que haya sobrevivido hasta la edad adulta— los dos estamos en silencio. Es cierto que Henry podía ser monumentalmente estúpido cuando éramos más jovenes. Yo también podría, aunque nunca así. El nudo en mi estómago se aprieta. ¿Cuánto tiempo hemos sido amigos? ¿Veinte años? ¿Más? —¿Recuerdas la vez que condujo la camioneta de mi papá al arroyo porque una pelota de futbol se cayo del asiento junto a él? — dice Abril, mirando hacia el bosque. —¿Cómo diablos se convirtió en abogado?— Me inclino a tomar otra cucharada de chocolate caliente para probar la temperatura, mirando a Abril mientras lo hago. Ella todavía no lo sabe. Ella no sabe que causo realmente ese accidente. No fue una pelota de fútbol perdida. Era un pasajero. Jason Nichols, para ser exactos. El entonces novio de Abril, para ser aún más exactos. Tenía dieciocho años y acababa de graduarse, ella tenía quince a punto de comenzar su segundo año. No conozco el funcionamiento interno de la relación, pero se que él le dio un anillo de promesa y juro hacer que una relación a larga distancia funcionaria después de que se fuera el próximo otoño a la universidad de West Virginia. Escuché sobre el anillo de promesa constantemente por Henry. Y se que también se jactaba antes sus amigos de que una chica universitaria le había hecho una mamada. Henry lo llevo a alguna pare. Pelearon en el auto. Se volvio fisico. Henry se estrello contra el arroyó por accidente, y Jason, ileso, saltó del auto y corrió, dejando a Henry inventando una historia sobre la pelota de fútbol. Una semana después, Jason se levanto y se unió a la Fuertza Aérea, y no creo que Abril supiera por que. Hay razones además de la lealtad y la amistad por las que Abril es una mala idea para mi. Razones como que Henry tiene un extenso entrenamiento de combate y Henry no es un ser humano razonable cuando se trata de su hermana pequeña. —Está listo— le digo, apagando la estufa. —Las tazas están adentro. ¿Deberíamos?—
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