Posibilidades

1030 Palabras
Comencé acercándome a mis parientes, eran algunos tíos y primos lejanos que la familia de Alonso también frecuentaba. Estaba en una fiesta aburrida, alguien cumplía años, pero apenas si conocía a unas cuantas personas. Entonces a la distancia reconocí a Mauricio, estaba conversando animadamente con tres chicas. Pasé el tiempo observándolos con atención y por un largo período de tiempo. Las tres chicas eran rubias, con cierto parecido, así que debían ser hermanas. La más pequeña rondaría los 15, pero las otras dos se parecían más, tenían cuerpos bien formados; sin embargo, una de ellas era más rellena que la otra y se desenvolvía más segura de sí misma, eso me hizo sospechar que era la mayor. Mauricio besó castamente en los labios a la más delgada, esa debía ser Alondra, mientras la otra le coqueteaba descaradamente. En algún momento de la reunión, la chica que supuse era la mayor se fue, y a los pocos segundos Mauricio, dejando a las otras dos rubias solas, conversando. Me apresuré a entrar en la casa, siguiendo a Mauricio con disimulo; fue cuando los vi, besándose y con sus manos ocupadas. Estaba engañando a Alondra. Pobre imbécil, de alguna manera estaba siguiendo los pasos estúpidos de su padre. -Acabas de recibir una invitación para la boda de tú primo Mauricio ― dijo Marcos sentándose frente a mi escritorio, tendiéndome el papel. Fruncí el ceño cuando leí el nombre de los contrayentes. ―¿Quién es Krestel? ―La novia se llamaba Alondra, ¿no? -La hermana mayor de Alondra ― levanté la ceja, esperando que me diera mas información. ―Sabía que querrías saber todo ― se rio emocionado. ―Resulta que Mauricio estaba engañando a Alondra desde hace ya varios meses atrás ― eso ya lo había descubierto, ― y al parecer Krestel está embarazada ― ese sí era algo nuevo. -Pobre imbécil ― reaccioné al instante. ** Fui a la boda sólo para ser testigo de su infortunio. Para mi sorpresa, Alondra llamó mi atención de inmediato; era una mezcla de tristeza y desconcierto, aún así no perdió su encanto. La seguí cuando se apartó de todos, la vi llorar con decoro y me pareció hermosa. Me molestó, porque significaba que tenía los mismos gustos que Mauricio. Ella era educada, elegante y apacible. No se asemejaba en nada al prototipo de mujer que había considerado para mí, pero me gustó. Ese año se cumplía la primera condición del testamento de mi abuelo, y le haría la vida imposible a Alonso, por lo que no dudé en querer utilizar a Alondra para mis planes. Para mi sorpresa no aceptó, aun y cuando creí que el despecho la haría actuar, no lo hizo. Los recién casados comenzaron a organizar reuniones diarias, lo que me pareció irónico es que estuvieran viviendo en casa de la familia Sifuentes. Había escuchado que Alonso tenía problemas financieros; sin embargo, la empresa seguía funcionando, pero, ¿qué no tuviera un lugar dónde vivir Mauricio recién casado? Eso me parecía contradictorio, por supuesto que comenzaría a investigar. Llegué a casa de los Sifuentes, un terreno enorme y la casa amplia, con una sensación hogareña que me hizo recordar a mi familia. Estaba esperando en el recibidor, donde tenían un mural con fotografías; era lógico que si las tenían ahí era porque querían compartirlas, así que no me contuve en detallarlas. Las tres rubias aparecían en diferentes formas, lugares y tiempo; pero Alondra siempre llamó mi atención, había un brillo en sus ojos color miel y una sonrisa deslumbrante en cada foto. -¡Vaya! Ya estás hecho todo un hombre Jonatan ― giré para ver a quién pertenecía aquella voz imperiosa, pero afectuosa. -Señor Sifuentes ― me acerqué para estrecharle la mano. Lo reconocí rápidamente, era un antiguo amigo de mi padre, y con su fallecimiento le había perdido el contacto. -¡Mírate! ―Me tomó de los hombros con fuerza. –¡Te pareces tanto a tú padre! ¿Cómo has estado hijo? ―Me pareció un buen hombre; sin embargo, debía tener contacto con Alonso y no sabía hasta dónde estaba involucrado. Me guió hasta la sala y conversamos un par de minutos, hasta que Alondra entró por la puerta principal. Usaba un vestido color amarillo de manga corta, no estaba ajustado y sin embargo sus curvas resaltaban, no podía negar que era bella. -¡Hola, papá! ―Se acercó a él y lo besó en la mejilla con amor. -¿Cómo te fue en la escuela, princesa? ―¿Princesa? ¿Qué edad tenía? ¿10? Demasiado infantil para mi gusto. Entonces noté que Ricardo tenía una mirada de orgullo sobre ella. Alondra me dio una mirada fugaz. ―Bien ― respondió cortante. -Te presento, Jonatan Duran… ― Ricardo intentó presentarme, pero ella le hizo una expresión que él entendió, porque guardó silencio. -Nos conocimos en la boda de Krestel, papá ― dijo con un tono que me pareció: ¿fastidio? -No te vi ― Ricardo se dirigió a mí con indignación. -Estuve menos de una hora, tenía cosas que atender en la empresa, sólo fui para felicitar a los novios en persona y llevar el regalo ― expliqué intentando justificarme, porque claro que no le diría que iba a ver la desgracia de Mauricio. -Entiendo ― habló con cierto pesar, sentimiento que no comprendí. ―Alondra, acompaña a Jonatan al jardín, allá está tu hermana y Mauricio con los demás ― ella tenía una expresión de que no le agradaba la idea, pero no se reusó. -Un gusto verlo de nuevo Señor Sifuentes ― me despedí cuando él se dio la vuelta, alejándose de nosotros. -Ricardo, Jonatan… Ricardo ― desapareció por las escaleras y me quedé a solas con Alondra. -Sígueme, por favor ― casi enseguida me habló con amabilidad, pero sabía que yo no le agradaba. -Sabes, ya expiró la semana que te di ― se giró a verme con una mezcla de indignación y molestia. ―Pero me agradas, estaré dispuesto a concederte más tiempo ― di algunos pasos acortando la distancia entre nosotros; pero ella hábilmente volvió a avanzar, abriendo la puerta hacia el jardín salió primero que yo.
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