**Jonatan
-No entendí nada ― dijo Mario; pero era lógico, acababa de cumplir tan sólo 6 años.
-Es fácil, en 10 años Jonatan recibirá la herencia del abuelo sólo si está casado; pero si no lo está, la recibiré yo, y si yo no estoy casado, la recibirás tú cuando cumplas 18 ― trató de explicarle Mauricio, que para tener 12 años había captado bastante bien la idea.
-Sigo sin entender, ¿por qué me van a dar dinero cuando sea mayor de edad? ―Volvió a hablar Mario.
-Después podemos explicártelo hijo ― ese era Alonso, que a pesar de no aparecer como beneficiario, tenía que estar presente como padre y tutor legal de Mauricio y Mario.
-Jonatan, ¿tienes alguna duda? ―El licenciado Ortiz me preguntó con genuina duda.
-No, todo está claro, gracias ― me levanté para salir del despacho.
Estábamos en la lectura del testamento de mi abuelo, había fallecido sospechosamente de una manera abrupta y sin historial médico de alguna afección alérgica. Hacía menos de seis meses mis padres habían muerto en un accidente automovilístico de la misma índole: sospechosa. Tenía un recuerdo persistente en mi cerebro, mi abuelo y mi padre discutiendo con Alonso; estaba furioso cuando se enteró que Pharma Durán Tech se dividiría, la mitad para él y la otra mitad para mi padre. Por algún motivo él creyó que se encargaría de la empresa en su totalidad cuando mi abuelo se retiró. Una idea absurda en mi opinión, ambos eran sus hijos; pero ya en ese entonces pude darme cuenta de lo ambicioso que era. Alonso era mí tío, pero una escoria como él, no podía considerarla mi familia. Porque sí, para mí el principal sospechoso de la muerte de mi familia, era él.
Como hijo único había heredado la parte de Pharmaceutical Duran, pero con tan sólo 18 años y sin haber terminado la universidad, era casi seguro que lo echaría a perder.
-¡Jonatan! ―Escuché la voz de Alonso detrás de mí, pero lo ignoré, ya que no quería verlo. ―¡Jonatan! ―Lo volví a escuchar un poco más cerca, incluso oí su troté detrás de mí.
Me detuve sin girarme, cerré mis ojos y apreté mis puños con fuerza, preparándome para lanzar un golpe. Sentí su mano sobre mi hombro, esa era mi señal. ―¡Alonso! ―Marcos lo llamó, provocando que fueran sólo unos segundos lo que me tocó. Ambos nos volteamos a ver a Marcos, y no sabía si agradecerle o maldecirlo, justo estaba por lanzarle el puño.
-¿Qué tal, Marcos? No sabía que Ortiz manejara tus asuntos legales ― había molestia en el tono de voz de Alonso.
-No lo hace, vengo acompañando a Jonatan ― le respondió con amabilidad, algo que en definitiva yo no hubiera hecho. ―¡Vamos, Jonatan! Nos están esperando ― me dio una sonrisa cálida y extendió el brazo en mi dirección, por lo que comencé a caminar hacia él.
-Jonatan, me gustaría hablar contigo, ¿cuándo podemos vernos? ―Marcos pasó su brazo por mis hombros, y sentí cómo me apretó con fuerza. Supe que era una señal de que me comportara, mi padre hacía exactamente lo mismo.
-¿De qué quieres hablar conmigo? ―No tenía ningún asunto que tratar con él.
-De la empresa. Aún eres joven y me gustaría apoyarte con el manejo de Pharmaceutical Duran ― se atrevió a ofrecerme su miserable ayuda.
-No te preocupes, Marcos me ayudará con la empresa ― sonreí con malicia, contrastando por completo con la actitud de Marcos. Él siempre se mostraba amable, si había tenido algún otro sentimiento, lo disimuló con éxito.
Alonso hizo una mueca de desaprobación, sabía que Marcos no le agradaba en lo absoluto. ―Bien, nos veremos después ― se alejó con rapidez y fue lo único que le agradecí.
-¿Es verdad que quieres que te ayude con la empresa? ¿O sólo lo dijiste para molestar a Alonso? ―Marcos me preguntó mientras caminábamos hacia el auto.
Él era el mejor amigo de papá, había estado buscándome después del accidente de mis padres, permaneciendo a un lado de mí. Lo pensé por un instante, él era de las pocas personas en las que realmente podía confiar.
-Sí, es verdad, me gustaría que me ayudaras con la compañía ― llegamos al auto y me sonrió. Fue cuando distinguí entre la sonrisa que solía dar y la de satisfacción.
Tomó las riendas de todo, hasta de mi vida. Prácticamente me obligó a terminar la universidad en el extranjero. Fue algo que le agradecí con el tiempo, yo era aun un adolescente imprudente e impulsivo, y si no hubiera sido porque me alejó, seguramente habría asesinado a Alonso.
Regresaría a Ciudad Kappa después de cinco años. Con la ayuda de Marcos, Pharma Durán no sólo había sobrevivido, sino que la había hecho fortalecerse y crecer. Me tomó dos años después de mi regreso aprender el manejo de la empresa, y aún Marcos seguía dándome lecciones en los negocios, conviertiéndose así también en mi mejor amigo y en un segundo padre.
-¿Hay alguna novedad en las investigaciones? ―Le pregunté a Marcos, que había apoyado mi decisión de retomar la investigación por la muerte de mis padres y mi abuelo.
-Nada con respecto a la muerte de tus padres, si tuvo algo que ver, está muy bien cubierto. Y de tú abuelo, estamos detrás de dos pistas más sólidas ― dijo sin entusiasmo alguno.
-¿Qué hay de Mauricio y de Mario? ―Mauricio ya tenía 21 años y conocía perfectamente a Alonso, sabía que estaría persiguiendo la herencia de mi abuelo, especialmente porque yo no me había casado y no buscaba hacerlo.
-Mauricio tiene novia y éste es su último año en la universidad, seguramente muy pronto comenzará a trabajar con Alonso; y Mario comenzará la preparatoria ― Marcos se escuchó tranquilo, era demasiado previsible lo que ocurriría.
-“Mauricio tiene novia” ― repetí mecánicamente, no me había equivocado del todo. ―¿Cómo se llama la novia de Mauricio? ―Quería saber el nombre de la víctima.
-Alondra Sifuentes ― me pareció extraño, el nombre me resultó familiar.
-Comienza a vigilarlo también, quiero estar preparado. ―