Casimiro hacía el ridículo delante de Jake. Hablaban de un tema que no presté atención. Olía los cerezos ya en primavera. Las calles se llenaban de esas flores rosáceas. —¡Ahaja, te convertirás en una flor así!— Se burló el castaño de Casimiro. Y le sacudió los pétalos del cabello. —¡Uhg, vayan a un motel!— Les grité, no aguantaba sus cursilerías. —¿Qué dijiste, cabrón?— Me tomó por el cuello, pero una voz algo femenina nos distrajo. —¡Hermano!— Sieg se lanzó sobre el pelirrojo. —¿Qué quieres?— Preguntó algo brusco. —¡T-te traje la cena! Le ahorré el trabajo a la nana de prepararlo— —Sieg, te dije ayer, que saldría a comer con mis amigos— Rechazó. —¿L-lo hiciste? ¡Oh, sí, supongo que lo olvidé!— —Con TU amigo, querrás decir, tengo prácticas. ¿Qué harás con la comida, Sieg?— Le pre

