El timbre sonó. Seguramente sería mamá, quién viene a buscar a Loan. —¡Mamá!— Fue corriendo a abrir la puerta el niño. —Calma, calma— Lo detuve. Giré la perilla, viendo a mi madre junto al par de guardaespaldas. —Buenos días, mamá— Dije. —Buenos días— Saludó angustiada. —¡Mamá!— Ella se agachó a abrazar a mi hermanito. —Llévenlo al auto— Uno de los hombres de ne.gro, dirigió al pequeño. —Quisiera hablar contigo— —Estamos hablando— Me crucé de brazos. —¿Puedo pasar?— —¡Uhg, bien!— La dejé entrar. Miró a Sieg que estaba haciendo el almuerzo. —¿Quién es...?— Me miró algo sorprendida. —Sieg Gilga, estamos viviendo juntos— Le presenté. —Mucho gusto— Le sonrió él. —Hijo, tú...— Se tapó la boca un poco espantada. —Creía que era cosa de la edad, pero tú aún... ¿Sales con omegas?— —Y po

