—Narra Sieg— Nuevamente, esos ojos juzgadores y malvados me intimidaban. —¡Seguramente hiciste trampa!— —Es imposible que alguien más que yo haya pasado con el mejor puntaje en las pruebas de modales- -Es sospechoso... Cómo alguien de una familia de negocios bajos sea capaz de algo como eso— —Incluso pasó la prueba de música— La omega tomó mi muñeca con brusquedad. —¡Por favor, detente, me lástimas!— Grité. —Y pasaste la prueba de costura sin ningún raspón— —¡Qué estupidez! Tal vez se acueste con los profesores— Las feromonas del grupo de omegas me hacía temblar. —¡Oigan, ustedes!— Abrió de un golpe la puerta de la sala Elián. —Oh, miren... Si es la rata sucia... El amigo de este estúpido— Me empujaron. —¡Ahora sí! Seguro te crees muy simpática pequeña zorra, con todo tu descara

