Condujo dichoso por la ciudad, envalentonado sin razón alguna.
Los altos edificios le recordaron la metrópolis a la que pertenecía, a la que había pertenecido siempre y a la que siempre pertenecería. Esas montañas de cementos y vidrios con sus oficinas herméticas carentes de brillo. La ciudad es lo pragmático hecho vida, donde los jardines, más que expresiones de la naturaleza, se convierten en mobiliarios hechos para impresionar. No hay árboles ni el desorden que hizo Dios al crear la tierra. Todo está estructurado formando un solo ente que crece sin proporciones limitadas allí donde encuentre un terreno que le sirva de base. La ciudad respira un aire benigno que no debe ser apreciado. Lo cual era irónico considerando lo deseadas que son las estructuras de cemento. Aunque eso era de esperarse habiendo seres como los Savelli, cuya opulencia era solo superada por el orgullo.
Los Savelli. Tarde o temprano todos sus pensamientos recaían sobre ellos. Y es que un Savelli era su meta y destino.
En el centro de la ciudad, donde el bullicio ensordecedor vibra como la intensidad de un mar atormentado, y las masas se mueven como hormigas en un hormiguero encogido, se hallaban los altos mandos empresariales. Los grandes de las corbatas preciosas que dirigían el mundo mediante fajos de billetes e indescriptibles cuentas bancarias. Dictadores de temas tan variados como la moda o la siguiente construcción en una determinada avenida. Ryan se detuvo al frente de una plaza circular con una gran estatua en el centro sobre una fuente de inmensas proporciones. Rodeando la plaza, como gigantes cuidando un estanque, se levantaban los rascacielos más imponentes de Zerica. Y en una ciudad de negocios, esto es mucho decir.
Zerica era una ciudad que se hacía a sí misma. Sin grandes pretensiones, pero carente de humidad, donde hombres de todas las edades ven la oportunidad de añadirle un cero más a su cheque semanal. Desde sus inicios fue usado como punto de encuentro empresarial, y para nadie era un secreto que su turismo estaba muerto, a no ser que quisieras darte la vuelta por la sede de alguna compañía sempiterna de cualquier negocio que se te ocurriese. Desde marcas de zapatos, hasta representantes de la industria automotriz; desde una magnánima de cadena de restaurantes, hasta informáticos innovadores en la tecnología. Si estabas en Zerica era para realizar un negocio y poco más.
Dicho dato, al conocerse, hacía aún más interesante la casi omnipresencia de la familia Savelli. Ellos no es que poseyeran una de estas grandes empresas, es que estaban metidas en casi todas. La familia Savelli, desde sus inicios, tenía un olfato refinado que convertía la bolsa de valores en el cisne de los huevos dorados. Su talento para lo bursátil los llevó a invertir en varias empresas a la vez, a comprar acciones, y a venderlas cuando era el momento preciso. Con el paso de los años esa red se fue tejiendo hasta que sus incautos socios no vieron que estaban bajo su poder. La maestría con la que se manejaron fue extraordinaria. Pues más allá del dinero, lo que consiguieron fue influencias y poder, lo que les abrió aún más puertas y, de ser posibles, le agregó más diamantes al cofre de los tesoros.
Tal ojo para el verde no se perdió con el paso de las generaciones. Incluso Gabriel Savelli, con su boca cerrada y sus ojos apagados, podría ser un zorro cuando se tocaba el tema adecuado. Aunque tal vez sea adecuado llamarle buitre, siempre esperando el momento adecuado para caer y comer.
Y para nadie era un secreto la historia de la familia.
Así que para nadie era un secreto donde trabajan.
Ryan estacionó en la orilla de la calle enfrente del edificio donde sabía que trabajaba Gabriel Savelli. Una especie de centro de operaciones desde donde podía juguetear con todas sus cuentas.
Esperaba verlo salir en cualquier momento. La lógica que lo llevó hasta ese sitio parecía bastante simple: hasta ahora, cada vez que tenía un encuentro con algún m*****o de la familia, este aparentemente poseía un secreto. Así había sucedió con Raquel, con Javiera e incluso Rick así que no existía motivos para que con Gabriel fuera diferente. Algo debía de esconder. El silencio dice más verdades que las palabras, y el de ese hombre prácticamente vociferaba un discurso de deseos impuros, demasiados asquerosos para ser expresados.
Un hombre callado suele ser un hombre peligroso. Cuando los pensamientos y sentimientos se esconden, se vuelve indescifrable el ser que los posee. Un leguaje desconocido incluso ante seres queridos y los secretos están a la orden del día. No hay verdades, pero tampoco mentiras. Alegría e ira parecen lo mismo. El silencio puede ser un buen acompañante, pero cuando es tu carta de presentación, parece el desahogo de un desahuciado. Hay quienes no hablan porque no saben que decir; hay otros que no hablan por temor a ser juzgado; hay quienes no hablan porque no les gusta hacerlo; y hay quienes no hablan porque saben que les conviene mejor quedarse callados. A Ryan el instinto le decía que Gabriel Savelli pertenecía a este último grupo. Su mutismo bien podría convertirlo en el mayo enigma de la familia.
Raquel no tenía corazón; Rick era un niño melancólico; Javiera una chica afortunada que vive momentos desafortunados. Pero, ¿qué es Gabriel Savelli? ¿Qué opina de sus hijos y de su esposa? ¿Qué opina sobre algo? Debía de estar consciente de que su mujer podría ser la villana de cualquier novela, y que sus hijos poseían problemas internos, ¿qué pensaba al respecto? Sus invisibles muestras de cariño y nula exteriorización de sus reflexiones, ¿serían una muestra de negación ante todo lo ocurrido o es que había algo más?
Ryan se preguntó qué pensaría Gabriel sobre Hernán.
Tal vez lo viera como una decepción al igual que Raquel. Un chico tan tímido y ensimismado que jamás serviría para producir dinero del mismo modo en el que a él le habían enseñado…
Es increíble como un padre puede juzgar a su hijo y tacharlo de inadecuado. Pero no es de sorprenderse si estamos conscientes de que en el fondo todos estamos siendo juzgados. Nos juzgan amigos, conocidos y desconocidos. Lo sabes cuando estas por la calle y notas las miradas de recelo hacia tu apariencia. Lo sabes cuándo te critican una acción que consideraste la correcta. Lo entiendes cuando tus actitudes y pensamientos tienen un desliz que se desvía del sendero conocido y transitado por todos, convirtiéndose en el punto rojos que todos ven con miradas de desprecio. En el fondo todos estamos siendo juzgados implacablemente desde el comienzo. Nuestras acciones, palabras y reflexiones se posan en la hoja, en forma de cuadro comparativo, y somos nosotros contra la sociedad. Te juzgan tus amigos, a veces por cariño y otras por ignorancia. Te juzgan desconocidos por mero capricho, pues todos juzgamos sabiendo que también somos juzgados y es como pagar con la misma moneda. Por eso no es de extrañar si tu familia te juzga de la misma manera, a veces con un estigma aún más penetrante y un puñal más afilado. El mazo cae y la sentencia se dicta una vez que está listo tu veredicto y es casi imposible apelar por la inocencia. Simplemente quedas tachado y tu uniforme gris se tatúa en tu piel sin posibilidad de desaparecer. Cuando eres juzgado, no existe el borrón y cuenta nueva. Todos tenemos un sello invisible en la frente.
Hernán había sido postrado en el banquillo de acusados de su familia y el veredicto había sido: fracaso total.
Su sentencia fue la pena de muerte.
Ryan estaba tan concentrado observando la entrada del edificio, en espera de que saliera aquel hombre, que no notó a la persona que se le colocaba al lado del auto y golpeó la ventana del asiento del conductor.
Ryan se sobresaltó.
Javiera lo observaba desde afuera sonriendo.
Por un instinto educado, un segundo después abría la puerta del auto permitiéndole la entrada. Javiera se acomodó en el asiento sin dejar de un sonreírle de un extraño modo, como quien le sonríe a un niño al que acaba de descubrir haciendo una travesura.
Así se sentía Ryan.
⸻Javiera, hola.
⸻Hola, Ryan, ¿cómo está todo?
⸻Bien, estaba pasando por aquí.
⸻¿Qué te parece si dejamos de espiar a mi padre un rato y vamos a una plaza que se encuentra cerca de aquí?
Ryan no le vio sentido a mentir. Tal vez ella había hablado con su madre, o tal vez simplemente había supuesto lo otro. Como fuere, se limitó a acelerar el auto y conducir por la vía siguiendo sus indicaciones.
Minutos después, el mejor amigo y la hermana de un difunto llegaron a una plaza ovalada de la ciudad. Del centro se destacaba un obelisco posicionado al frente de una fuente y rodeado de bancos y arbustos. En su mayoría, quienes pasaban por ahí, eran simplemente peatones que se dirigían a otro sitio y estaban de paso. No parecía que muchos se detuviesen a conversar, pero ese es uno de los axiomas de quienes están acostumbrados a la gran ciudad.
Ellos, por su parte, estacionaron en frente de la plaza y se dirigieron a esta, sentándose bajo el sol en un banco cercano del obelisco. El calor aumentaba y a Ryan una gota de sudor le descendía por la espalda. Un mimo ejecutaba su acto a un lado de la fuente, siendo observado por tres personas que no se detuvieron más de unos minutos y se marcharon dejando su dinero a un lado del artista. Cerca de la calle, un grupo de universitarios, vestidos con togas azules, pedían dinero para un servicio comunitario. La plaza estaba rodeada de calle por los cuatro lados y un semáforo en cada esquina, además de varios puestos de hamburguesas y bebidas.
Javiera se distrajo con el mimo sin decir palabra.
Ryan notó el parecido que tenía a su madre. Ella había visto a los hermanos del parque del mismo modo en que Javiera veía al hombre.
Y al igual que su madre, tomó la palabra.
⸻¿Desde hace cuánto espías a mi papá?
⸻De hecho, hoy es la primera vez que lo hago.
⸻¿Te lo pidió el policía ese?
⸻No.
De toda aquella peculiar familia, Javiera era la única de la que podría esperar alguna respuesta a sus preguntas. La única en cuya sinceridad podía confiar. No obstante, ¿qué tan arriesgado sería contarle toda la verdad? Podría ponerse en su contra o ayudarlo. Otro juego de azar más en el que inmiscuirse.
⸻¿Y a ti te envió tu madre?
⸻Sí, pero para llevarle la comida a mi padre. Iba de salida cuanto te vi. Parecías algo abstraído en tus pensamientos.
⸻Lo estaba.
⸻¿Y puedo saber en qué pensabas?
Ryan se lo pensó antes de responder.
⸻No.
⸻Lo supuse.
Ambos guardaron silencio.
El mimo simulaba ser arrastrado por un viento invisible.
⸻Aunque tengo una teoría ⸻continuó Javiera.
⸻¿Cuál?
⸻Creo que estás planeando algo en contra de mi familia.
⸻¿Algo como qué?
⸻No sé, algo.
⸻No los lastimaría
⸻Eso decía Hernán, y aun así estuvo a punto de hacerlo ‒Ryan no respondió‒. Sé que lo sabes. Hernán quería llevarse lejos a Rick.
⸻Seguramente consideraba que eso era lo mejor
⸻¿Cómo puede ser lo mejor para un niño estar lejos de su familia? ⸻Cuando esa familia es como la tuya⸻. No, no había nada de bueno en eso.
⸻Pero igual no podía hacerlo, ¿no? No tenía la custodia. Aunque por alguna razón creía que la iba a conseguir. Al parecer Hernán pensaba haber descubierto algo que le haría perder la custodia a tus padres.
Fue el turno de callar de Javiera.
⸻El creía haber encontrado algo. ¿Qué fue lo que encontró, Javiera?
Ella no habló. O al menos no de inmediato.
Respiró profundo e, increíblemente, sonrió.
⸻¿Por qué ahora tan de repente confías en el policía y el fical?
⸻¿Cómo sabes que he estado con ellos?
⸻Son los únicos que pudieron haberte metido esas ideas en la cabeza.
⸻Eso no responde mi pregunta.
⸻Soy un Savelli, Ryan, tengo oídos en todas partes. Es una ventaja de mi apellido.
⸻Vale.
⸻Lo que no entiendo es qué haces tú con ellos. Sobre todo, considerando lo que nos hizo Mcfly en el parque.
⸻Ese fue un hecho sin importancia.
⸻Tal vez para ti, pero a Rick lo asustó bastante.
⸻Él lamenta eso.
⸻Eso es mentira.
Realmente lo era.
⸻Y ahora han logrado convencerte de que hay un gran secreto oscuro en mi familia.
⸻No pensamos eso.
⸻Oh sí, claro que sí. Y seguramente creen que Hernán lo averiguó y lo quería usar en nuestra contra. Ryan, si en mi familia hubiese un gran secreto, Hernán lo hubiera sabido desde el principio. Con nuestros mil defectos, y casi por desgracia, lo admito, estamos unos muy cerca de otros, así que es difícil ocultarnos algo.
⸻Siempre hay un modo de mentir.
⸻Y también hay un modo de convencer. A ti te convencieron de ir detrás de una fábula.
⸻Hernán quería llevarse lejos a Rick, eso no lo puedes negar.
⸻¡Oh, no lo niego! Pero no es por algún misterio. Él simplemente creía que, bueno, que Rick estaría mejor en otro sitio lejos de nosotros. A veces creo que tal vez tenía razón. Pero ese conflicto llegó hasta ahí.
⸻Vale, ¿y no se te hace raro que muriera poco después?
⸻Tal vez se sintió frustrado por no lograrlo y esa fue la gota que derramó el vaso.
Ryan no lo había considerado. Se detuvo a meditarlo. Le sonó bastante lógico. Malditamente lógico.
Descubrió que todo tiene sentido un mundo de tinieblas. Las sombras pueden tomar la forma que la imaginación permita, así como cualquier hecho puede acoplarse a un razonamiento cuando este no es sustentando por suficientes pruebas. Esta verdad le asustó, pues solo le hacía más difícil decidir el camino.
⸻Javiera, sé que no es fácil pensarlo, pero puede que algo más haya sucedido ahí. Algo que incluso tú desconoces. Mcfly y Richard no se arriesgarían por nada.
⸻Te diré un par de cosas sobre ellos que desconoces: a Mcfly lo suspendieron tres veces el año pasado por sus investigaciones infructuosas. Eso puedes averiguarlo tú mismo si quieres. Es catalogado como conspiranoico. Yo creo que quiere un gran caso, uno de película, en donde pueda quedar como el héroe.
⸻Sería típico de él ⸻aceptó Ryan resignado.
⸻Y Richard… su madre murió hace un año.
⸻¿Falleció?
‒Cáncer cerebral. No sufrió demasiado. No tuvo tiempo de hacerlo.
Ryan se imaginó a un Richard silencioso enterrando su madre. Su rostro impasible se perdería bajo las lágrimas.
⸻¿Y eso qué tiene que ver con Hernán?
⸻Los escuché a los dos hablando una vez. Richard hablaba sobre la muerte, sobre lo atroz de una muerte sin significado. La impotencia que nos provoca a los que vivos quedamos. Decía que le hubiese gustado hacer más por su madre. Eso es lo natural, supongo. Todos sentiríamos lo mismo. A mí me hubiese gustado hacer más por Hernán. Pero piénsalo desde el punto de vista de Richard: primero su madre y luego su mejor amigo. Más impotencia con la que debe cargar. Es posible que, en el fondo, sienta que, haciendo al respecto, que, desenmarañando un misterio, esta impotencia va a disminuir. Desde la muerte de su madre él ha estado muy mal. Hernán me dijo que estaba confundido, que no tenía las cosas claras. Era mi hermano quien lo ayudaba. Ahora que no está, el corazón de Richard debe de estar girando desenfrenado.
⸻Eso no altera su juicio.
⸻Nadie piensa claramente con el corazón roto.
⸻Tal vez él sí.
⸻Tal vez él no.
Y continúan los “tal vez”.
⸻Ryan, no sigas con esto, por favor. Mi familia solo quiere continuar y dejar lo que está sucediendo atrás.
Ryan miró a Javiera a los ojos. Esos ojos en los que cualquiera podría perderse. Sabía que estaba a punto de cerrar una puerta con su respuesta:
⸻Eso es precisamente lo que quiero evitar: que dejen a Hernán atrás.
Javiera lo miró sin sonreír.
⸻Me hubiese gustado no escuchar eso.
Y se marchó.
Ryan la observó alejarse y perderse entre la multitud al cruzar la calle. A él también le hubiese gustado escuchar otra cosa. Lo que sí oyó unos minutos después, fue el grito de una señora proviniendo de lo lejos. Se giró hacia el lamento lo más rápido que pudo, pero fue demasiado tarde. Sólo pudo distinguir el cañón de una pistola apuntándole.
Y presionando el gatillo.