Ryan tomó su Glock 20 y se fueron a la parte trasera de la tienda, donde estaba el campo de tiro. Se pusieron las orejeras y cargaron sus armas. Tommy estaba en el cubículo de al lado. En cualquier momento aparecerían las dianas. Había pasado mucho desde que Ryan llegara aquel día después del funeral y se pusiera a practicar por pura comodidad. Desde entonces tuvo que disparar una pistola más de una vez para defender su vida, e incluso para apuntarle a un bebé, aberración que nunca se perdonaría. Esos hechos hicieron que dejara de ver una práctica de tiro como una forma de relajación. No es lo mismo dispararle a una diana que a un hombre, pero en ambos casos implica una bala que rompe el aire para dirigirse a su objetivo. Por más divertido que fuera dispararle a un objeto inan

