Tras lo ocurrido en la azotea, me quedé compungido, y en la noche no pude conciliar el sueño. La afirmación de mi nuera respecto a que estaba en sus mejores momentos de fertilidad, me había dejado seriamente preocupado. ¿Qué pasaría si, como preveía, la mujer de su hijo quedaba embarazada? Recordé las palabras de mi esposa, sobre la necesidad del matrimonio de tener un descendiente. Al ver que me estaba volviendo loco con aquellos pensamientos, terminé por convencerme a mí mismo: ya no tiene remedio. No voy a preocuparme más. Lo hecho, hecho está. No esperaba que, al día siguiente, apareciera nuevamente la joven, vistiendo esta vez una especie de chándal deportivo, que en su parte baja se componía de un pantalón malla sumamente ajustado, donde se marcaba claramente hasta los glúteos de su

