"Soy un perfecto caballero. Tienes mi palabra, Kayla. Tom nunca lo sabrá, y jamás intentaré nada con lo que no te sientas cómoda...", prometió Duane. "Entonces... ¿qué dices?" Tragué saliva con fuerza y miré hacia el vestuario. Si pillaban a mamá con Duane, podrían suspenderla y, peor aún, arruinar su matrimonio. Sabía lo que tenía que hacer. Ya la estaba ayudando con el equipo, solo podía ayudarla un poco más. Lo miré a la cara con el ceño fruncido y me mordí el labio. "Solo nos besamos y solo hasta el campeonato. Y solo después de los entrenamientos... cuando no hay nadie... ¡y tienes que dejar a mi mamá en paz! ¿Entendido? Si no, se lo diré a mi papá". "Eres muy negociadora, señorita mojigata", sonrió y sentí sus dedos acariciar mi cintura mientras me acercaba y se inclinaba hasta

