Su interior volvió a cerrarse y me detuve para disfrutar del temblor dentro de ella que se extendía a sus piernas y sus nalgas. Sentí su cabello tensarse conforme ella se inclinaba hacia delante y finalmente la solté, aunque seguí sujetando su cuello. No había terminado de convulsionarse cuando su culo empezó a impactar contra mí, acaté la indicación y volví a la carga. Un poco más despacio, mi v***a volvía a entrar y salir de aquella cuevita apretada. Un chillido se escuchó mientras sus piernas se cerraban, mi mano empezó a estrujar ese manguito tierno y su pezón estaba duro como una roca. —Mejor déjala descansar —escuché la voz de mamá a mi costado. Su mano se posó en mi espalda y retrodecí. Raquel se tendió a lo ancho de la cama de masajes, apenas y podía apoyarse en sus manos sobre e

