El hombre de la casa 62-1

747 Palabras

Esa tarde, Julia nos encontró en un estado más decente. Mamá había recogido la sala y el comedor, pero dejó puesta la mesa de masajes a propósito e hizo el intento de convencer a su hija mayor a intentarlo, mismo que ella rechazó por enésima vez. Y como no podía ser de otra manera, Raquel no paró de hacer comentarios de lo bien que le había sentado el masaje sólo para molestarla. Por mi parte, estaba tan relajado tras el baño que ni siquiera puse atención a lo demás que estuvieron platicando. Estaba recogiendo los platos cuando escuché a las tres llamándome para sacarme de mi distracción. —¿Vamos o no? —preguntó Raquel. —¿Eh? ¿A dónde, perdón? —pregunté sin tener idea de nada. —Nos estuviste nomás dando el avión, ¿verdad? —se quejó. —Vamos a la plaza —dijo Julia, indulgente—. Hace muc

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