Tere, Sandra y yo estábamos disfrutando de la tele en la sala, los tres desnudos. Así nos encontró Raquel al llegar, un poco más tarde de lo usual. Pude ver que mi hermanita venía fatigada cuando me acerqué a recibirla. Nos mantuvimos abrazados un largo rato, creí que iba a quedarse dormida en mis brazos. —¡Oy! —exclamó Tere desde su lugar—. Si tienes ganas de dormir, ven y prueba el mejor asiento de la casa. —¿Mi cara? —bromeé. —Será la de Sandra —respondió la morena, sonriendo desafiante. —Prefiero la tuya —me dijo Raquel, hundiendo su rostro en mi pecho, a lo que yo volteé a ver triunfantemente a mi adversaria. —¿Y mi cara? —Aproveché para aventar un nuevo chascarrillo. Mi hermanita sólo me dio un golpecito y buscó mi mano a tientas para entrelazar sus dedos con los míos mientras

