—¿En qué piensas? —le pregunté después de acabarme mi segundo vaso de agua—. Dinos. —Sí, señor —respondió Sandra con tono de sumisión—. Estoy preocupada por Julia, creo que nos pasamos la raya frente a ella. —Esa era la idea —dijo Tere mientras rellenaba mi vaso—. Ya estuvo suave, si esa niña no se va a unir a la fiesta, que por lo menos sepa cómo está la rebambaramba. —Bien que sabe —intervino Raquel mientras se sentaba en mi pierna—. Está igual que mamá, dice que le molesta pero bien que nos echa el ojo cuando cree que no la vemos ni se va cuando me meto el dedo frente a ella. —¡Uy, mami! —exclamó la morena discretamente, con voz suave—. Me huele a que es lencha —ronroneó y tras el breve silencio que nos causó a todos esa frase, se dirigió a Sandra—. ¿Tú qué opinas, suegris? —N-no s

