—No nos dijiste que había que vestir de etiqueta —mustió Raquel, quien vio con desdén su atuendo, más casual. —¡Perdón, perdón! —exclamó desde lo más hondo de su ser—. No lo pensé. Es que se me ocurrió que podríamos relajarnos con vino y tapas, Pascual es algo “picky” cuando salimos a comer y, bueno… como no saldríamos y quería que fuera especial. —Sí, sí… ya —la cortó mi hermana con hastío—. Tu novio n***o se va lejos, ya lo sabemos. —De verdad, perdóname, cariño—se volvió a disculpar con profunda sinceridad—. No fue adrede. ¡Ya sé! ¿Te gustaría ver mi clóset? Somos casi de la altura y podría haber algo… —No, gracias —la interrumpió y suspiró antes de continuar—. Gracias. De todas maneras este tampoco viene vestido y no creo que tengas un traje a la medida para él también. —Es verdad

