El hombre de la casa 85-2

1151 Palabras

«¡Así! ¡Encabrónate y usa eso para la cama, quiero que me partas en dos allá arriba! Señaló con su mano al techo. Raquel me miró con atención, no había soltado mi mano y con su pulgar comenzó a acariciarme. No estaba seguro de qué era lo que iba a pasar, pero desde que supe que iría, no podía dejar de pensar en cómo sería ese hombre que nos acompañaría. El timbre sonó al poco rato, a las 9 en punto. Tere se paró de un brinco, se acomodó el vestido y antes de salir del comedor, se examinó fugazmente en el reflejo de un espejo que había en el recibidor. Entró acompañada de un sujeto muy diferente a quien me había imaginado, no era alto como un basquetbolista, no era tan moreno como esperaba, ni tan joven como creía. —Buenas noches —saludó con una voz grave, áspera y con un acento extraño.

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