Cuando recordó que estaban siendo vistos, se enderezó y Tere regresó a su lugar, riéndose de aquella reacción. Ella era una experta en el arte de provocar y continuó haciendo comentarios así constantemente, los cuales intenté contestar cada que tenía oportunidad con algo aún más descarado. —Pues sí —dije, más animado, quizás había agarrado confianza tras de acabarme mi segunda copa—. He de reconocer, entre tu boquita y la de Sandra… a las dos les falta para ganarle Raquel. —¡Oye! —me reclamó mi novia mientras su pie no había parado de juguetear con mi pierna y con la de Raquel debajo de la mesa. La hija de Sandra bailaba triunfante a mi lado, había dejado de cortarme la circulación de la mano hacía rato, pero seguíamos sin soltarnos. Pascual parecía haberse transformado en piedra, sólo

