—Raqui, querida —la oí llamar a mi hermana—. ¿Me ayudas, por fa? Sus manos estaban los bordes inferiores dando pequeños tirones hasta que sentí otro par de manos tomar el resorte y jalarlos abajo rápidamente. Un aliento cálido resoplaba en la punta, una lengua lamió desde la base hasta la punta, era Raquel. —Listo —respondió sin emoción. —¿No quieres comerle la pinga? —Tere le preguntó a modo de reto—. Podemos compartirla. —Es tu noche, haz lo que quieras —fue lo que dijo, parecía molesta. Asomé el rostro para buscarla y le extendí la mano. —Creo que Luís dijo que eres quien mejor la mama —insistió la morena—. Anda, no te chivees. Cariño —escuché que le hablaba a Pascual—, ella aceptó venir por Luís —dijo mientras meneaba su culo sobre mi rostro, impidiéndome hablar, ver… respirar—.

