La joven se esforzaba en mantener su espalda curvada, para que la penetración resultara más eficaz y menos dolorosa, pero al final fue perdiendo fuerzas, por lo que le tiré de nuevo del pelo, tras recogerlo como una coleta. Eso la hizo volver a arquearse nuevamente, permitiendo que mi pene ingresara mejor y totalmente dentro de su v****a. Vanesa continúo gimiendo, sin llegar a saber realmente si era por dolor o por placer. Tomé resuello, y continué dándole con gran poderío, sintiendo ingresar mi sable dentro de ella, hasta que pronto la joven comenzó como a temblar. La sujeté, sin dejar de clavarla, percibiendo que por fin había alcanzado el primer orgasmo de la noche. Mi nuera se corrió agitadamente, viendo como temblaba todo su cuerpo, y se retorcía en aquella posición, arqueada y apoyad

