Ese día tenía curso, por lo que puse una alarma que me permitió dormir apenas unos minutos. Por suerte, fue una buena siesta. Mamá estaba por irse cuando bajé a desayunar, me saludó fugazmente y nos deseamos un buen día. Raquel todavía no se había ido, su turno empezaba hasta las 10, por lo que pudimos desayunar a gusto. Era agradable tener más tiempo para platicar con ella en las mañanas, sin tanta prisa como cuando entraba a trabajar temprano al café. Se hizo la somnolienta sólo para que le llevara el tenedor con comida a la boca, como a un bebé y al siguiente instante, estábamos besándonos como un par de enamorados y, bueno, una cosa llevó a otra. Ella tuvo que volver a arreglarse el maquillaje y el cabello después de que me viniera en su cara, aunque ella estaba contenta porque había s

