—Los niños piensan que estás viendo a alguien —añadió Tere—. Creían que tú y yo por fin estábamos viviendo el tórrido romance que nos merecemos…. —bromeó al tiempo que sostenía su mano—. Pero resulta que no es así, no soy tu prioridad. —¡Ay, mira! Tú eres la que te desapareciste para estar con ese n***o tuyo —espetó con cierto recelo. Hizo una pausa y continuó tras un sorbo—. No creí que realmente se fueran a quedar toda la noche contigo. Ustedes dos —se dirigió a mí— parecían arañas fumigadas cuando llegaron. Ni siquiera se les ocurrió que tenían que levantarse temprano hoy, Raquel apenas acaba de entrar a trabajar ahí. —¡Ay, querida! Si supieras… Comenzamos a contarle cómo había empezado la noche y su rostro pasaba de la preocupación y el rechazo a la curiosidad de saber cómo le había

