—Pero no te dije nada de llevarte a mis hijos a tener sexo con un desconocido —mustió entre dientes mi madre. Era claro que sí estaba un poco molesta, pero tenía una sonrisa torcida. —¡Tú fuiste la que me dijo que estaba bien! —le soltó su amiga—. ¡Uf! ¡Pero no me sueltes —añadió sujetándole aquella mano que se alejaba de ella—, sácalo todo! ¿Te molesta que me haya llevado a Raquel y no a ti? ¡Uy! ¡Sí! Gimió de placer por el nuevo pellizco, estaba buscándoselo, al igual que solía hacer Raquel, lo hacía por molestar a mamá. —Te daría una cachetada, pero eso te gustaría, ¿o no? —preguntó mi madre, con voz fría. —Si eres tú, podrías hasta matarme ahora mismo y moriría con una sonrisa —ronroneó, melosa y hábilmente. —Entonces, me voy. Los dejaré terminar solos —soltó de repente mamá. Se l

