Era consciente que las relaciones sexuales de su ancestro eran escasas o prácticamente nulas. Extremo que lo había detectado por algún que otro comentario del mismo. Veía que su padre parecía aún un hombre pletórico de energía, con bastante vitalidad, y potencial, pero que la situación de su mujer le tenía como coartado y reprimido. De hecho, aquel había renunciado a viajar ante la imposibilidad de hacerlo junto a su esposa. Sergio, al encontrarse jubilado acostumbraba a visitar la casa de su hijo con relativa frecuencia, dado que las viviendas estaban muy cercanas. Era una de sus pocas distracciones, y por ello, no eran pocas la veces que comía con ellos. Ruperto había escuchado a su padre como le decía a Bibiana con cariño que era una cocinera de las mejores. Igualmente había comprobado

