Después de aquella primera vez en la habitación de invitados, Javier pensó que sería algo puntual. Una locura, un desliz, algo que enterraría bajo capas de culpa y nunca repetiría. Se equivocó de cabo a rabo. Valeria no tenía ninguna intención de parar. Al contrario: ahora que había probado lo que quería, se volvió más atrevida, más creativa, más cruel. Al día siguiente, sábado, Lucía había invitado a Valeria a dormir a casa porque “tenían que terminar un trabajo de historia”. Javier intentó poner excusas: que tenía que trabajar, que iba a salir… pero Lucía lo miró con esa cara de cachorro que siempre le funcionaba. —Papá, por favor. Es la última noche antes de los exámenes. Además, Valeria se porta súper bien. Valeria, sentada en la mesa del desayuno con una camiseta de Lucía que le

