Mamá se enderezó despacio, girando el torso lo justo para perfilar los pechos en el espejo. Me vio entonces. El tiempo pareció detenerse en el horno del piso. Nuestros ojos se encontraron y se sostuvieron un instante. Dio un brinco corto, cubriendo los pechos con los brazos en un gesto rápido. Pero el resto quedó al aire, el sudor marcando cada curva. La sorpresa en su cara se suavizó, como si estuviera demasiado cansada para pelear. —Ay, hijo —susurró, su voz calmada pero aterciopelada. Sus ojos fijos en mí, el sudor bajándole por el cuello como un hilo que se perdía en el valle de los pechos tapados. Di un paso atrás, tropecé con el marco de la puerta, casi me voy al suelo. La polla latiendo contra el short, el glande goteando un poco. —Perdona, no quise... verte así, tan al aire —bal

