Cerré la puerta de mi cuarto y me apoyé en ella, temblando. Mi corazón latía desbocado. Joder, ¿qué acababa de pasar? Sentí su erección. Dura como una piedra contra mi vientre. No fue un accidente... él... y yo... casi lo beso. Me quedé allí, quieta, sintiéndolo, y por dos segundos no quise moverme. ¿En qué me estoy convirtiendo? A veces tomas decisiones por orgullo, y luego vives con las consecuencias. Yo estoy viviendo con las mías: noches sin dormir y un estrés constante. Nadie me obligó a dejar mi casa. Fui yo quien encontró esos papeles, las pruebas de su infidelidad, de sus aventuras con la secretaria, y decidí enfrentarlo. Fui yo quien le dijo a Pedro que se quedara con la casa y sus secretos, y que Juan y yo nos íbamos. Pensé que me suplicaría que me quedara, pero se rindió sin pe

