A simple vista, ella seguía siendo la misma, pero era muy evidente que buscaba activamente que estuviéramos a solas cada que se podía. Ya fuera invitarme a ver una película o serie en la tele de la sala o acompañarme cuando veía algo ajeno a sus gustos, intentaba tímidamente rozar su cuerpo con el mío y pude notar que buscaba alguna reacción de mi parte. Se sentaba sobre mis piernas “por accidente” al principio, pero pronto se le hizo un hábito cuando no estaban mamá o Julia. A veces, me pedía ayuda con su tarea y, en lugar de sentarse en la silla, se reclinaba sobre el escritorio, mostrándome que había dejado de usar sostén en la casa como también lo hacía nuestra hermana mayor y haciendo gala de lo que su escote dejaba ver. Miraba furtivamente sus melones y aunque ella se daba cuenta de

