Nuevamente, hubo otro momento lleno de sentimientos y carente de palabra alguna que no fuera “Aquí tienes”, por parte mía y un débil “Gracias” susurrado por parte de ella. Dejé la caja en el banquito que ella deliberadamente jamás usó y me retiré con prisa hacia mi cuarto a cambiarme. Aquello había sido demasiado para mí, nunca en la vida pude haberme imaginado una situación así. La mancha era plenamente visible, parecía que me había meado. Era la primera vez que eyaculaba sin masturbarme, había sido una corrida bastante abundante, pero sobre todo, dolorosa. No podía acostumbrarme a esa sensación todavía, así que me quedé tumbado en la cama por un rato. De repente, escucho la puerta de mi cuarto cerrarse. Ahí estaba ella, con la espalda contra la puerta y mirándome agonizar. —Raquel…—di

