El hombre de la casa 18-2

1142 Palabras

—Mira, mejor ni me digas. Una de las cosas hicieron más fácil que me soltara esas noches fue dejar de pensar que había gente a nuestro alrededor, viéndonos. —Y el alcohol… —dijimos Raquel y yo al unísono. —Ya, ya. Tampoco es que bebiéramos tanto. Nos la pasamos tan bien los cuatro ahí, no recordaba la última vez que me sentí así de libre. Mientras pensaba en todo lo que hablamos esta semana, me di cuenta de que no tenemos que esperarnos a salir de vacaciones otra vez para pasarla bien en familia. En la casa no hay quien nos moleste o esté de mirón. —Ahí te hablan, hermanito —rio Raquel. —Ay, bueno. Nadie somos de palo, ¿verdad? Creo que no podemos tapar el sol con un dedo y pretender que Luís no es un hombre y nosotras, mujeres. Ya estás grande —dijo mirando a su hija menor— como para

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