Nos dimos un último beso de que esa diablilla se fuera a su cama. Aquella escalada de excitación culminó con una zarandeada antes de caer rendido. A la mañana siguiente, me enteré de que ella terminó su noche de la misma manera. Los días siguientes estuvieron llenos de sonrisas, buenos momentos y mucho, mucho sexo con Raquel. Ella estaba a punto de graduarse de preparatoria, había sido admitida en la escuela de teatro y, a diferencia de la escuela regular, su curso daría inicio la misma semana en que ella tendría su acto académico. Por tema de agendas, fui el único que se presentó a la ceremonia y al salir, nos dirigimos directamente a la casa. Nuestras bocas luchaban por comernos mutuamente, yo apenas podía respirar y ella tiró de mí subiendo las escaleras y me llevó a su cuarto. Pocas

