El hombre de la casa 40-3

710 Palabras

—¡No, no! Ella todavía es joven. Mi busto creció mucho más después de tenerlos a ustedes, antes de eso, creo que yo era una talla menos que tu hermana. La charla se estaba dando de forma amena, pero ni la mano de Raquel ni los ojos de mamá se separaban de mi riata. Las caricias eran cada vez más lentas y suaves, ya estaba palpitando y eso no auguraba nada bueno. Reconozco que el estar siendo observados me estaba calentando de sobremanera y aún había mucho por hacer. Pude ver que mamá iba a acercando poco a poco la mano, no fui el único en notarlo. —Ayúdame, mami. Se me está entumiendo la mano. —¿Qué dices, Raqui? Yo… uh… Ella ahogó un grito al sentir mi mástil hirviendo y palpitando, la punta estaba más allá del color rosa típico, era un tono casi magenta. Su hija manipuló sus dedos pa

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