El hombre de la casa 40-4

782 Palabras

Raquel ahogó una carcajada y se llevó la mano a la boca, alternando la vista entre yo y mamá. —¡Ay, hijo! No seas tan… específico —dijo antes de morderse el labio y desviar su mirada de nosotros—. Esa Teresa… ya me va a oír esa degenerada. —Tú ya sabías que algo así iba a pasar, ¿verdad, mami? —sonrió mi hermana con cierto descaro. Ante la falta de respuesta, siguió—: A Luís le pagaron muchísimo y ella dijo que incluía el “Final Feliz”. —Me dijo que era el precio que tú y ella acordaron —añadí. Ese fue el golpe definitivo. Su rostro se puso blanco como el marfil, de repente, lucía enferma y aterrada, más bien, acorralada. No había forma de poder refutar las acusaciones y por su expresión parecía estar a punto de salir corriendo, pero Raquel y yo la detuvimos tomando sus muñecas. —Mamá

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