Jared se sorprende de verme. Lo noto por la forma en que todo su cabello se mueve con sus cejas al levantarlas.
—¿A qué debo este placer?— pregunta mientras me acerco a su mostrador. David, el guardia de seguridad, está justo detrás de mí, el muy cabron.
—Hola, Jared. Que gusto verte de nuevo—
—¿Igualmente?— Lo dice como una pregunta.
—¿Tienes un minuto para hablar de unas joyas?— Hago un gesto con los ojos y la cabeza indicando que necesitamos deshacernos de David. —¿En privado?—
Los ojos de Jared se dirigen rápidamente hacia arriba y se posan en el hombre que está detrás de mí. Asiente una vez y nos quedamos solos.
Hablo rápido porque no sé cuánto tiempo tengo. No dudo ni por un segundo que Jared pulsara ese botón debajo del mostrador si se siente amenazado. Intento parecer lo más inocente posible.
—¿Recuerdas como llamaste a mi prometido por mi antes?—
—Si—
—¿Y cómo su secretaria básicamente te hizo callar?—
—Si—
—Bueno, ahora me lo está haciendo a mi tambien—
—No me digas—
—Y necesito tu ayuda para superarla?— Se inclina y baja la voz. —¿Vas a infringir la ley?—
—No, no seas tonto— Sonrió mucho. —Solo necesito una cita para verlo, y necesito que me la pidas—
Jared mira a su alrededor, su mirada se posa en cada uno de sus colegas antes de volver a mí. —No entiendo—
—Es muy simple. Verás, necesito a alguien que sea muy buen mentiroso para que llame a la secretaria, finja ser mi asistente personal y me reserve una cita. Yo me encargo desde ahí—
—¿Estás completamente loca?— susurra. Puede que también este sudando. Se lleva la mano al cuello para rascarse.
—No, te juro que estoy totalmente cuerda—
—Para tu información, ninguna persona loca en la historia de las personas locas ha admitido estar loca—
—Lo haría totalmente si lo estuviera— digo, asintiendo para que vea que hablo en serio.
—No puedo ayudarte— Se endereza y luego hace un gesto hacia David.
—Tienes que hacerlo— digo, desesperada porque esto funcione. —O te voy a delatar—
Jared levanta una mano para detener el acercamiento de David. —¿Delatar?—
—Si— Cruzo los brazos sobre el pecho. —Voy a delatar que te metiste en mi relación personal con mi prometido y ahora no me quiere ver por tu culpa—
Se le pone la cara blanca. —No te atreverías— Ahora me susurra gritando. —¡No hice nada!—
Me encojo de hombros, tan tranquila como puedo estar. Todavía no tengo ni una sola urticaria. Soy tan ruda ahora mismo.
—Tengo que verlo y devolverle su maldito anillo. Y conseguir una disculpa. La única manera de hacerlo es con una cita. Todo lo que tienes que hacer es decir que soy alguien famosa que necesita un aumento de pecho y reservar la cita. Eso es todo. Tu trabajo estará hecho—
Suspira, creo que derrotado. ¡Yessss!
—¿Por qué creo que mi trabajo nunca estar terminado en lo que a ti respecta?— pregunta.
La victoria se acerca y estoy casi mareada de felicidad.
—Lo estará, te lo prometo— Le guiño un ojo. —Vamos será divertido. Puedes poner a prueba tus talentos—
—¿Qué talentos?—
—Tus talentos son una mentira descarada. No actúes como si no supieras de lo que estoy hablando—
Se niega a sonreír, pero juro que puedo ver el deseo de hacerlo en su mirada.
—¿Cuándo?—
—Ahora mismo. En tu oficina—
Niega con la cabeza, apretando los labios.
—De ninguna manera. Diez minutos. Nos vemos afuera en la esquina de la Quinta y la Cincuenta y Nueve Este—
—Hecho—
Le hago un gesto con los dedos y salgo del edificio, ignorando por completo a David. Tengo la tentación de levantarme de un salto y chasquear los talones, pero me resisto el impulso. Por ahora, al menos.
. . . .
Jared aparece con una bufanda alrededor del cuello y guantes de cuero n***o.
—¿Qué estás haciendo?— pregunto riendo. —Es pleno verano—
—No quiero que me reconozcan—
—Lo estarás llamando por teléfono, idiota. ¿Cómo te va a reconocer?—
—¡Hey! Te estoy ayudando, ¿de acuerdo? No me llames idiota—
Eso me calma de inmediato. —Tienes razón. Lo siento. No eres idiota, solo eres un poco raro—
—Mira quien habla— Me frunce el ceño. —¿Cuál es el número? ¿Y que se supone que debo decir?—
Le entrego el papel.
—No me importa lo que digas. Solo consígueme una cita— Me inclino y le doy un codazo. —Déjalo fluir—
Me mira fijamente durante un buen rato y luego niega con la cabeza, marcando el número. —Eres un problema. Mi madre me advirtió sobre chicas como tú—
—Eso es porque somos muy divertidas— Me froto las manos. —Solo consígueme esa cita, eso es todo lo que me importa—
Mira al cielo mientras espera que se conecte la llamada. Se exactamente cuándo se conecta porque su rostro sufre una transformación completa al instante. Ya no es el vendedor estirado de Cartier. Ahora es…
—Hey, ¿Qué tal, chica? Soy R. J, asistente personal de Shay Dee, una gran promesa de G.Unit Rap, necesito reservarle una cita para un poco de ayuda, si me entiendes. Conseguí tu número de un amigo. Una fuente confiable, ¿sabes?— Se ríe como si él y esta chica al otro lado de la línea fueran viejos amigos.
Me quedo boquiabierta. Es un rapero astuto de la calle del centro de la ciudad, hablando de alguien, no tengo ni idea de quien es. Creo que también podría ser rapera. Si, me acaba de convertir en rapera.
Después de escuchar unos segundos, responde: —Solo un pequeño retoque. No me gusta dar detalles por teléfono. Nunca se sabe quién puede estar escuchando, ya sabes como es. Entonces, ¿Entonces que…el doc tiene tiempo para mi chica o no?—
Asiente varias veces y sonríe. Esa sonrisa se nota en su voz.
—Eso es perfecto. Eres oro, nena. Veinticuatro quilates— Hace una pausa y luego niega con la cabeza. —No, no tengo tiempo para acompañarla. Se está preparando para una gira y estoy hasta arriba de trabajo, pero ya sabes, es una chica grande. Estará de incognito, no te preocupes. Los paparazzi no te molestaran. Ni siquiera sabrán que está ahí. Tal vez podríamos tomar algo alguna vez—
Me levanta el pulgar.
—El miércoles a las tres. Ella estará allí. Y oye, nada de asistentes ni tonterías por el estilo. Ella solo vera al médico. Valora su privacidad y nosotros también, de verdad—
Escucho mucho parloteo al otro lado del teléfono, pero no intento descifrarlo; estoy demasiado ocupada dando vueltas por la acera en círculos de felicidad.
Jared apaga el teléfono y suspira profundamente. —No puedo creer que acabo de hacer eso—
Corro hacia él y le doy una palmada en la espalda.
—¡Eres increíble! Muchísimas gracias— Lo abrazo, dejándome llevar por mi emoción. A cabo de ver un maestro en acción. Podría ser mi gemelo, excepto por el hecho de que no nos parecemos en absoluto.
Sacude la cabeza y se pellizca el espacio entre las cejas.
—Por favor, dime que es la única vez que tendré que hacer algo así—
—Absolutamente. No hay problema. Estas libre de culpa—
Deja de frotarse los ojos y se endereza. —¿Cuánto de la historia que me has contado es verdad?—
Sonrió. —Prácticamente nada—
Se desploma sobre sí mismo y luego ríe con tristeza.
—Creo que vamos a ir al infierno—
Empiezo a caminar con el de regreso a su tienda. —No, no lo haremos. Confía en mí. Estoy haciendo todo lo que puedo para recuperar mi equilibrio kármico —
—¿Qué pasa con mi equilibrio kármico?— Se detiene a media cuadra de las puertas de Cartier.
Le doy una paramada en el hombro.
—Pásate por Las Maravillas de la Nueva Era de Ofelia. Tenemos unos cristales y aceites esenciales realmente geniales. Puedo ayudarte enseguida—
Pone los ojos en blanco.
—Dios mio, ayúdame—
. . . . .
Realmente me he esmerado al máximo. Un viaje a la tienda de segunda mano me ha dejado totalmente arreglada. Llevo pantalones de imitación de cuero con un bonito y ligeramente turbio estampado de pie de serpiente, una blusa rosa fucsia completamente transparente que deja ver un sujetador turquesa debajo, una gabardina blanca con cinturón y una gorra de beisbol con gafas de sol gigantes para completar el look. Me puse mucho maquillaje y el pelo recogido en un moño muy desordenado. Parezco la versión callejera de Lindsay Lohan sufriendo las secuelas de una borrachera seria. Nadie dudara de mi estatus de estrella ahora.
Estar de pie frente a las puertas dobles de madera de la oficina del Doctor Sterling me hace casi orinarme encima. Nunca antes había trabajado de incognito, pero me encanta. Mantengo la cabeza baja para que no me vean con demasiada claridad en la cámara. Tengo urticaria en el trasero que no se va a solucionar rascándome, pero no voy a dejar que eso me detenga. ¿Por qué? Porque soy la Agente Doble Oh Genial, por eso. ¡Boom! Hoy no tomo prisioneros.
—¿Puedo ayudarte?— pregunta la voz incorpórea
—Yo. Shay Dee aquí para el Doctor S— practiqué mi voz de rapera callejera durante dos días seguidos. Sueno tan de barrio bajo ahora mismo.
La puerta zumba y tengo que obligarme a no cruzar el umbral bailando. Todavía no estoy dentro. Todavía tengo que pasar por la bruja de la recepción. Ojalá el brillo de labios con veneno de serpiente que encontré haya hinchado mis labios lo suficiente como para hacerme irreconocible. Seguro que me pica la boca, así que espero que valga la pena.
Me detengo a unos metros de la recepción. Hay una sala de espera vacía a mi alrededor, y la chica de recepción está de pie. Parece menos segura de sí misma de lo que suena por el alta voz de afuera.
Bajo la cabeza y la miro por encima de mis gafas, asegurándome de moverlas solo un poquito. No quiero arruinar mi tapadera.
—Hola— digo antes de volver a colocar las gafas.
—Hola. Bienvenida al Centro de Cirugía Cosmética y Reconstructiva Sterling. ¿Le puedo traer un vaso de agua? ¿Un espresso? ¿Un té? ¿Un tónico?— Se ríe con timidez. —¿O una cerveza tal vez? ¿Vino?—
—Agua— digo, sonando lo mas dura posible. —Del tipo con burbujas—
Frunce el ceño por un instante, pero luego vuelve a actuar como una lamebotas. —por favor, siéntese. Vuelvo enseguida—
—Date prisa— digo con tono de perra. —No tengo todo el día— Mastico chicle para darle énfasis. Un poco de este se me pega en el labio hinchado, así que me pongo de lado para esconderlo.
—Por supuesto— La chica corre por el pasillo lo mejor que puede con tacones, y no puedo evitar reírme mientras me quito el chicle de la cara. Ser famosa es genial cuando se trata de venganza. ¿Quién es la mala ahora? Me sentiría culpable, pero probablemente es una creída todo el día. Le estoy haciendo un favor al mundo al bajarles los humos.
Veo una pila de tarjetas de presentación en el escritorio y me acerco para tomar algunas, metiéndolas en mi bolso antes de que pueda volver. No tengo ni idea de por qué. No es como si fuera a volver a llamar a este tipo, una vez que le entregue este anillo. Me alejo del escritorio y me centro de nuevo en la habitación. Regresa en un instante con mi Perrier y un vaso. Ignoro el vaso y dejo caer la botella en mi bolso de estampado de leopardo, desafiándola a que diga algo al respecto.
Me mira por un segundo, como si estuviera a punto de decir algo, pero luego desaparece en alguna zona trasera de la oficina. Me siento en la sala de espera. Unos segundos de pues, aparece en su escritorio y dice:—El doctor Sterling saldrá enseguida—
Asiento con la cabeza, pero no digo nada. En cambio, me concentro en hacer la burbuja perfecta con mi chicle. Es difícil cuando mis labios tienen el doble de grosor de lo normal y estan pegajosos por el brillo.
Un rato después, se abre una puerta a mi derecha. Me levanto, sujetando firmemente mi bolso bajo el brazo mientras me giro para mirar al doctor. Cuando finalmente logro ver al hombre que gasta demasiado dinero en anillos de compromiso, casi me atraganto con mi chicle.
¡Mierda! Es él. ¡El tipo del traje! ¡El tipo de traje y la corbata! ¡Stevie!