He eliminado a todos menos el ultimo doctor Sterling. El primero era demasiado viejo. El segundo ya estaba casado. El tercero era gay si sus fotos públicas en f*******: son una pista, y el cuarto esta fuera del país. Eso deja solo a un tipo: El doctor Sterling, cirujano plástico de los ricos, adinerados, poderosos, famosos o todas las anteriores.
Trabaja en Lenox Hill, en la calle 76 Este. Veo su nombre en una placa grabada fijada en la pared del vestíbulo. Centro de Cirugía Cosmética y Reconstructiva Sterling. Suena muy elegante. Asiento brevemente al portero, fingiendo que tengo derecho a estar aquí. probablemente piensa que vengo para una operación de aumento de pecho si su mirada a mi pecho es un indicio. Como si necesitara una de esas por favor. Las copas B es lo que está de moda, hombre.
Subiendo en el ascensor, estoy nerviosa. Me sudan las manos y me empieza a picar la espalda, así que me apoyo en la pared y me deslizo un poco hacia arriba y hacia abajo como un oso intentando aliviar la picazón.
No tengo ningún plan. Lo único que quiero hacer es deshacerme de este maldito anillo. La policía no tiene ni idea de quién se llevó mi bolso, y cada vez que camino por la calle, me imagino que me siguen. Es hora de deshacerme de esta piedra de la mala suerte hoy.
Su oficina esta al final de un largo pasillo y la entrada es una puerta doble de madera tallada. Hay vidrio ahumado a cada lado, lo que le da todo un aire de otro mundo. Cuando las atraviese, ¿desapareceré en OZ? Tal vez. Me pregunto si será tan decepcionante para mí como lo fue para Dorothy y su pandilla. Mejor que no haya monos voladores. Esas cosas eran muy raras.
Giro la manija y no pasa nada. Está cerrada con llave.
Doy un paso atrás y miro a mi alrededor. Hay un timbre a la derecha de la puerta, así que lo presiono.
—¿Puedo ayudarte?— pregunta una voz incorpórea por el altavoz.
—¿Es usted el Grande y poderoso Oz?— No pude evitarlo.
—¿Disculpe?—
Me rio nerviosamente y luego me pongo rígida, intentando controlarme.
—Lo siento. Yo…um… supongo que quiero pasar— ¿podría sonar más estúpida? No, probablemente no. Pero me desconcertaron al tener la puerta cerrada así.
—¿Tiene cita?—
—No— me muerdo el labio. Nunca había pensado en ese pequeño detalle.
—¿Es usted paciente?—
—No— Esto se está volviendo molesto. Tardé una hora en llegar aquí y tengo que llegar al trabajo en menos tiempo.
—¿Eres representante?—
—¿Representante? ¿representante de qué?—
Hay un largo silencio después de mi pregunta, y espero que eso signifique que está a punto de abrirme la puerta. Me muerdo el labio mientras espero el sonido para poder empujar la puerta. Tambien me rasco la axila, sabiendo que una vez que pase las puertas tendré que dejar de hacerlo.
Entonces su voz vuelve a sonar por el altavoz.
—Lo siento, pero tendrá que pedir cita si quiere entrar—
Me quedo aquí parada con la mandíbula desencajada durante unos segundos, dándome cuenta de que me estan bloqueando cuando estoy casi logrando mi objetivo.
—De acuerdo, pediré cita ahora. Ponme en la agenda—
—Lo siento, pero no puedo hacerlo en este momento— Su voz se está volviendo altanera y eso solo me enfurece más.
—¿Por qué no?—
—No tenemos disponibilidad—
—¿Entonces por qué me dijiste que tenía que pedir cita?—
—Porque si—
Tengo muchas ganas de golpear su puerta, pero me contengo. En cambio, agarro la manilla de la puerta de nuevo.
—Por favor, no toques la puerta— dice la voz.
Mi mano se retira bruscamente como si se hubiera quemado. Miro hacia arriba y noto una cámara en la esquina del techo por primera vez.
—¿Me estás espiando?— Miro fijamente a la pantalla.
—Usamos vigilancia para mantener a la gente que no pertenecen fuera de nuestras oficinas—
Esta chica tiene mucha suerte de que no tenga una pistola de balines o algo muy largo y puntiagudo conmigo ahora mismo, de lo contrario, volaría la lente de esa cosa en la pared.
—Eres muy grosera, ¿sabes?— No espero escuchar su respuesta. En cambio, tomo el ascensor de regreso al nivel de la calle. No empiezo a llorar hasta que estoy a una cuadra de distancia.
. . . .
—¿Qué te pasa, amor?— pregunta Ofelia en cuanto me ve.
—Nada. solo se me metió pelusa en los ojos— Camino entre las cuentas hacia la trastienda. Una rápida vista al baño para lavarme la cara deja todo casi como debería estar.
—Eso me pareció lágrimas de verdad— dice cuando vuelvo al frente, ajustándome las pulseras del brazo. Ella me levanta una ceja.
—Lo se. Simplemente odio cuando la gente se cree mejor que tú, ¿sabes? Como si fueras una especie de basura, algo que encuentran en la suela de su zapato—
Me frota la parte superior del brazo. —¿Quién te hizo eso? Sabes que no pueden hacerte sentir así sin tu permiso, ¿verdad? Están internalizando su basura—
—Lo sé, lo sé — Juego con el borde de mi cutícula rota. —Es difícil, sin embargo, cuando estas en un edificio elegante, afuera de una oficina elegante, y la gente de adentro te dice que no pueden abrirte la puerta porque no eres uno de ellos—
Frunce el ceño y baja la barbilla.
—¿Qué clase de oficina elegante visitabas hoy—
Agito el aire entre nosotras y luego me alejo con la intención de dejar que los sentimientos heridos se disipen. —En ninguna parte. Solo el consultorio de un cirujano—
—¿Necesitas cirugía? Cariño, no me lo dijiste. ¿Es grave?— Se acerca por detrás del mostrador para unirse a mí en las estanterías.
—No, no es para mí. No es para nadie. Solo estaba…pasando a darle algo suyo que tengo—
—¿Fue una aventura de una noche que salió mal?—
—No, para nada. Nunca he conocido a ese tipo—
Ella suspira, —No tienes sentido, ¿te das cuenta?—
Asiento. Tengo muchísimas ganas de contarle todo sobre el anillo, pero sé que entonces saldrá a relucir el tema de que no gano suficiente dinero y se sentirá presionada a darme un aumento, y eso hará que las cosas se pongan muy mal entre nosotros. Y este lugar es mi refugio. Si tuviera que irme, se me rompería el corazón. Así que, en lugar de ceder mi debilidad, me mantengo fuerte y sonrió.
—Solo necesito ver a este tipo, pero sus malditas secretarias me lo impiden—
—Entonces pide una cita— dice ella. —Si es cirujano, difícilmente puede negarse a verte—
—Claro que puede. Es cirujano plástico en Manhattan. Puede elegir lo que quiera—
—¿Cariño, cirugía plástica? ¿En serio?—
La miro y me rio. —No es para mí, te lo prometo—
Me acaricia la mejilla. —Bien. Por qué tu cara es perfecta tal como es—
Le tomo la mano, absorbiendo su energía positiva.
—¿Por qué no intentas pedir cita? Tal vez te vea. La economía todavía no está muy bien. Tal vez necesite el dinero y puedas entrar. No tienes que decirle que en realidad no vas a hacerlo—
—Supongo que podría intentarlo—
—Hazlo. Seré tu cómplice— Ofelia se acerca al mostrador y toma el teléfono, me lo da cuando regresa.
Saco el número de teléfono de mi bolsillo y marco, poniéndome cada vez más nerviosa a medida que pasan los timbres.
—Centro de Cirugía Cosmética y Reconstructiva Sterling, ¿en qué puedo ayudarte?—
—Hola. Me gustaría pedir una cita—
—¿Puedo preguntar quién es usted y para que le gustaría pedir una cita?—
La perra ya está en plan arrogante. Tengo muchas ganas de descarrilarla. Tengo que respira hondo varias veces para calmarme.
—Si, me llamo…Ofelia y me gustaría hacerme un aumento de pecho—
Ofelia me da un golpe en el brazo, pero la ignoro.
—Lo siento, pero no tenemos nada disponible—
Extiendo el teléfono y le muestro mi dedo grosero antes de retoma la conversación.
—Lo siento, no estoy segura de entender—
—¿Eres la misma persona que apareció frente a nuestra puerta hoy temprano?—
Cuelgo el teléfono. Mi corazón late con fuerza
—¿Qué dijo?— Ofelia pregunta.
Trago saliva con dificultad.
—Básicamente me mando a la mierda—
Ofelia me quita el teléfono y presiona el botón de remarcar.
—¡No!— Lo arrebato y cuelgo. —Nunca me verán si llamas y los insultas—
—No iba a insultarlos. Iba a recordarles que un poco de amabilidad ayuda mucho. E iba a ofrecerles un paquete de aceites esenciales de cortesía. Muchos médicos los usan en sus consultorios últimamente—
Niego con la cabeza.
—Ahora no. Espera a que lo vea—
Se cruza de brazos.
—¿Cómo vas a hacer eso si ni siquiera te dan una cita?—
Me muerdo el labio. —No estoy segura. Pero pensare en