Estoy caminando por el pasillo del hospital con mi placa puesta; he seguido el ejemplo de Ralph-Jared y hoy me he puesto el nombre de Betty cuando vuelvo a ver a ese chico guapo y elegante. Esta al otro extremo del pasillo, así que al menos esta vez no me aplastará ni me tirará al suelo. Lo mantengo vigilado por si acaso decide cambiar de rumbo.
Levanta la vista justo cuando está a punto de pasar a mi lado. Se detiene y extiende un dedo.
—Fíjate por donde vas…— entrecierra los ojos mirando mi pecho. —¿Betty?—
Resoplo. —Ten cuidado, Stevie—
Se detiene, pero yo sigo.
—¿Stevie?— grita tras de mí.
—¡Stevie Wonder!— grito de vuelta. —El cantante ciego—
Entro en el ascensor sonriendo. probablemente no debería, después de haber soltado ese insulto totalmente incorrecto, pero, aún así, lo hago. Mientras las puertas se cierran, suspiro de satisfacción. Después de esperar todo el día en la tienda a que ese tipo me llamara y no conseguir nada, un poco de satisfacción ayuda mucho.
Nick está dormido cuando entro en su habitación, pero cuando le toco el brazo se despierta.
—¿Qué haces aquí?— pregunta con voz arrastrada.
—Visitando a mi padre— Me inclino y susurro: —No les digas la verdad. No me dejaran entrar si nos somos parientes—
—Eres mi hija— lo dice como una afirmación. Parece confundido.
Niego con la cabeza. —No. Estoy fingiendo ser tu nuera para poder visitarte. ¿Está bien?—
Me mira fijamente durante unos segundos más antes de asentir y luego gira la cabeza para mirar la televisión apagada. —Claro. Puedes visitarme cuando quieras—
Acerco una silla y me siento a su lado.
—Nick, nunca me dijiste que tenías diabetes—
Cierra los ojos un par de segundos y los vuelve abrir.
—No pensé que importara—
—Bueno, si importa. podría haberte ayudado a conseguir medicamentos o una mejor atención o algo así—
Me mira y sonríe. —Lo hiciste bien conmigo, cariño. No tienes que preocuparte por mi—
—¿Cómo es que tienes acento sureño si tienes una licencia de conducir de Michigan?—
—Me crié al sur. Segui a una chica hasta Detroit— vuelve a mirar la televisión. —¿Hay algo bueno?— Señala la pantalla.
Tomo el control remoto de su mesita de noche y enciendo la televisión.
—¿Qué te gusta ver?—
—Cualquier cosas. ¿Menos las noticias?—
—¿Demasiado deprimente?—
—Dejé toda esa basura atrás. Ahora solo quiero entretenerme—
—¿Qué basura? ¿La guerra?—
Me mira. —¿Qué guerra?—
—Eres un veterano. Me lo dijeron—
Se encoje de hombros y vuelve a mirar la pantalla con la mirada perdida.
—Historia pasada—
Miramos en silencio cómplice un rato, uno de esos programas de amas de casa de algún lugar, antes de que vuelva hablar.
—¿Qué dijeron de tus pies?—
—Nada importante—
Cómo una persona le pregunta a otra persona que está a punto de perder los dedos de los pies o el pie, ¿Cómo se las arreglará como persona sin hogar? No tengo ni idea, así que, aunque tengo curiosidad y estoy preocupada, no digo nada.
—Se acabaron las horas de visita— dice una voz desde la puerta varios minutos después.
Me levanto. —¿Puedo venir a verte mañana?—
Me mira un segundo antes de volver a su show.
—Si quieres—
Me inclino y le doy un beso en la mejilla antes de irme.
—Te veo mañana entonces—
Me giro y lo miro, agarrándome al borde de la puerta.
—Si, estoy bien—
—Parece que tienes algo de estrés en tu vida—
Señalo su cama.
—Bueno, ¿Qué esperabas? Mi falso suegro está enfermo y no sé cómo se las arreglará en el mundo después de que lo echen de aquí—
—No te preocupes por mí, Gatita, estaré bien. Siempre lo estoy, siempre lo estaré—
Me voy con una lágrima en el ojo. Siempre quise un padre que me llamara Gatita. El mío siempre estaba demasiado borracho para molestarse.
. . . . .
Llego al trabajo el sábado justo después de las diez y encuentro una nota en el mostrador de Ofelia.
Un tipo te llamó ayer. Dijo que te diera su número.
Levanto el teléfono de la tienda y marco el número que dejo en el papel, mis manos tiemblan un poco cuando una voz contesta y dice:
—Cartier, Quinta Avenida—
—Ehhmm, ¿puedo hablar con Jared…quiero decir Ralph, por favor?—
—Espera un momento— Escucho música de ascensor antes de que conteste.
—Soy Jared Chadwick—
—¿Chadwick? ¿Ni siquiera me diste tu apellido real?— Resoplo ante lo chiflado que es este tipo.
—¿Quién habla?—
—Claro, ¿quién crees que es? Es Maya. ¿La chica a la que llamaste por ese anillo? ¿Llamaste al comprador por mí y le dijiste que quiero devolver el anillo?—
—Ah .Eres tú—
—Si, soy yo— pongo los ojos en blanco mientras espero su respuesta.
—Lo llamé, y su secretaria me devolvió la llamada—
Espero, pero parece que ahí termina su frase.
—¿Y?—
—Y, en realidad, no tenía ninguna información para mi—
—¿Qué significa eso? ¿Qué dijo? ¿Qué dijiste? Tal vez se equivocaron con el mensaje—
Su voz baja, —No me equivoqué en nada. Le dije a través de su secretaria que tienes un anillo que le vendimos hace varias semanas y que quieres devolverlo. ¿Lo robaste?—
Casi se me cae el teléfono.
—¡Claro que no lo robé! No seas ridículo—
—Bueno, si no eres su prometida, ¿Por qué lo tienes?—
Me llega la inspiración.
—La verdad… es, Jared, o debería llamarte Ralph, que soy su prometida— Siento que me arde la cara. No tengo ni idea de cómo voy a salir de este aprieto.
—¿Qué?—
Decido que una declaración audaz debe ir seguida de una actitud y un tono audaces. —Me oíste. Soy su prometida. Y ese imbécil me engañó y quiero que me llame y se disculpe o no recuperará su anillo–
—Lo siento, pero estoy completamente perdido ahora mismo— Jared suena genuinamente confundido, así que lo tomo como una buena señal. Mi cortina de humo esta funcionando. Soy genial. Podría trabajar perfectamente en Hollywood.
Adopto un tono lastimero y miserable.
—No me ha devuelto las llamadas mí me ha dejado entrar a verlo. Y entiendo que hemos terminado, pero eso no significa que simplemente voy a darte el anillo y marcharme—
—¿Darme el anillo?—
—Si, Eso fue lo que sugirió, que entrara en Cartier y le entregara el anillo. Pero no creo que sea justo, ¿tú no?—
—No lo sé…—
Interrumpo lo que iba a decir. —No lo es. Es completamente injusto. Pasas años con un chico, invirtiendo en la relación, dándole todo lo que tienes y luego un día descubres que te está engañando con una chica de apenas dieciocho años y dándole joyas que deberían ser tuyas por derecho, solo porque no quieres practicar sexo anal. O sea, ¿es justo? No, por supuesto que no. Probablemente le compró esas perlas en tu tienda, el bastardo infiel. ¿Y luego qué? ¿Me quedo…abandonada? ¿Con nada más que mi falda gitana y un anillo que es tan grande que es ridículo? No. No lo acepto. Quiero una disculpa. No todas las chicas del mundo hacen sexo anal. Algunas chicas simplemente nunca lo van a hacer, y no creo que deban ser castigadas por eso—
Jared se aclara la garganta. Creo que esta incomodo.
—No compró ninguna perla en nuestra tienda—
—¿Entonces, también te está engañando? ¿Cómo se siente? Terrible, ¿Verdad?—
Dejo que eso se asimile un poco antes de continuar.
—Ese es el tipo de persona que es, Jared. Te encanta con su sonrisa y luego, cuando te tiene enganchada, empieza a jugar con tu mente—
—El doctor Sterling nunca me dió la impresión de que fuera ese tipo de persona—
Mi corazón casi vomita, estoy tan emocionada de escuchar ese nombre.
—Bueno, lo es. Creme, lo es. Es un completo canalla que usa a la gente y luego la tira a la basura. Solía ser atractiva, ¿sabes? Antes de que me pusiera las manos encima. Antes de que me desgastara. Célula a célula, me fue desgastando con sus pequeños insultos y comentarios sobre mi peso, mi pelo o mi ropa…— Claramente, he sumado todos los novios terribles que he tenido y los he puesto en este personaje del Doctor Sterling que he creado. Es casi purificador, en cierto modo, compartir esto con Jared.
—Sigues siendo bonita…—
—No, no mientas. Ahora soy vieja. Solía ser joven, vibrante y sana. Ahora solo soy una vieja bruja gastada a los veintiocho años—
Solo hay silencio al otro lado del teléfono.
—¿Jared, sigues ahí?—
—Si. No estoy seguro de que quieres que haga. Lamento todo lo que te ha pasado, pero…creo que necesitas un terapeuta—
—¿Un terapeuta? ¿Un terapeuta?—
No sé por qué me enfada, pero lo hace.
—Creo que una persona que miente descaradamente sobre su hombre necesita un poco de terapia, si de verdad quieres saber lo que pienso—
—Lo siento. Miento cuando entro en pánico. Es un defecto de carácter—
Abro la boca para hablar, pero no puedo. ¿Miente cuando entra en pánico? ¿O me está tomando el pelo, desafiándome? Este tipo está realmente trastornado. O eso, o es muy inteligente.
—Que lastima— digo a modo de prueba.
Suspira. —Bueno, de todos modos, ese es mi problema personal que probablemente no debería compartir con un cliente. —¿Hay algo más que pueda hacer por usted?— suena muy cansado.
—No. Estoy bien— De repente me siento muy mal por él. —No hiciste nada malo, ¿de acuerdo? Estamos bien—
—¿Estamos bien?—
—Si— le aseguro.
—¿Vas a llamar al gerente y decirle que me involucré? Porque aquí no ven con buenos ojos eso—
—No, nunca te haria eso. Yo no soy la mala en esta situación, Jared. El Doctor Sterling lo es. Ah, y ¿podrías, antes de que cuelgues, ¿me dices que dijo su secretaria?—
—Dijo que no está interesado—
Levanto la mano.
—¡Lo ves! No esta interesado. Después de todos los años que pasamos juntos…—
—Lo siento. Parece que es un verdadero imbécil. Probablemente estés mejor sin él—
No puedo dejar de sonreír.
—Tienes razón. Estoy mejor sin él. Que tengas un buen día—
—Igualmente. Adiós—
Cuelgo y doy vueltas por toda la tienda. Luego agarro la guía telefónica y empiezo a maldecir cuando me doy cuenta de que hay al menos cinco doctores Sterling solo en Manhattan.