Abro la puerta del taxi y meto la mano para pagarle al taxista mientras Aria desabrocha los cinturones de la silla de auto de nuestra sobrina.
—Gracias, hermano— dice, sacando a Zoey de su asiento.
Saco la silla de auto del taxi y la dejo colgar en mi mano izquierda mientras abrazo a mis chicas con un solo brazo.
—De nada—
Aria me entrega una bolsa gigante que supongo que contiene todas las cosas de Zoey.
—Seguro que lleva muchas cosas para ser una niña tan pequeña—
Aria se ríe.
—Espera a que sea adolescente—
Eso me hace recapacitar rápidamente. No puedo imaginar que estaremos haciendo si Aria sigue cuidando a Zoey dentro de quince años. Elevo una oración silenciosa a quién me escuche para que mi hermano siga vivo ese día.
Las guió al edificio donde se encuentra la oficina de nuestro abogado.
—¿Estás lista para esto?—
—Claro que no— dice Aria, apartándose el flequillo de la frente.
—Yo tampoco— murmuro, asintiendo a la gente del mostrador de seguridad mientras pasamos.
Dos personas se apresuran a ayudarnos con el ascensor. Por alguna razón, llevar una bebe parecemos discapacitados. Cuando intento maniobrar para entrar el ascensor, me doy cuenta de por qué. Parezco una especie de espectáculo de comedia, rebotando hacia afuera mientras trato de entrar junto con la silla de auto y luego la bolsa bloquea mi entrada.
—Primero la silla de auto— dice Aria, extendiendo una mano.
La balanceo y la dejo caer al suelo antes de entrar detrás de ella. varias personas levantan las manos fuera del ascensor indicando que están dispuestas a esperar el siguiente. Estoy sudando en un aire acondicionado casi bajo cero. ¿Cómo hace esto mi hermana? Una vez más, entro en un pequeño pánico al imaginarme intentando todo el asunto de la crianza el próximo fin de semana.
La secretaria sonríe radiante cuando nos ve entrar.
—¿Puedo ayudarte con eso?— pregunta, levantándose de su asiento.
—No, ya lo tengo— digo, tropezando con la correa de la bolsa al segundo siguiente.
Me detengo justo antes de caer al suelo, y mi abogado sale al vestíbulo a tiempo para entretenerse.
—Vaya, eso fue elegante— dice. Acercándose a mi hermana, se inclina y la besa en la mejilla. —Hermanita— dice sonriendo.
Ella se sonroja, lo que hace que me detenga un segundo y la miro fijamente. Mi hermana nunca se sonroja. Nunca.
—Oliver— dice, —que gusto verte—
—Estás entre amigos— dice, —No hay necesidad de mentir—
Ella sonríe y le empuja el hombro.
—Cállate, no estoy mintiendo —
La recepcionista nos mira fijamente. Supongo que nunca ve a su jefe actuando con tanta familiaridad con los clientes. Probablemente sea porque Oliver solo tuvo un compañero de cuarto en la universidad durante sus cuatro años en Darthmout, y ese fui yo. Mi hermana pequeña visitaba el campus con frecuencia y Oliver venía a casa conmigo casi todos los días festivos, lo que o hacia prácticamente familiar.
—Dame a esa bebé— dice tomándola de los brazos de Aria. Sosteniendo a la bebe en alto, sonríe.
—Hola Zozo. ¿Me has echado de menos?— la mece un poco.
—Yo no haría eso si fuera tú— advierte Aria. Su expresión es de dolor.
Oliver la mira.
—Sé lo que estoy haciendo— Su mirada vuelve a Zoey. —¿Verdad, nena? ¿Eh? ¿Eh?— La mece dos veces más antes de que ella…responda con la boca llena de vomito que sale disparado en un chorro directo a la cara de Oliver. Parte del salpica su chaqueta.
Cierra los ojos y espera allí en animación suspendida.
—Oh, Dios mío— dice Aria, medio riendo mientras busca en la bolsa que llevo al hombro algo con lo que ayudar.
—Ayuda— dice Oliver débilmente.
—Toma— Aria se acerca y lo limpia con una toallita húmeda.
—¿De verdad quiero saber que es eso?— pregunta, abriendo un ojo y mirándola fijamente.
—Toallita para el trasero. Acéptalo. Te dije que no la hicieras rebotar—
Extiendo mis manos y Zoey es depositada sin ceremonias sobre mí.
—Bien hecho, nena— digo, tratando de maniobrar su pequeña mano para chocar los cinco. Me rindo y simplemente la beso diez veces en su lugar. Es un poco difícil resistirse a ella de esa manera, pequeña bribona. Cuando termino, veo algo que se parece sospechosamente a suciedad de los dedos de los pies en los pliegues de su palma. Frunzo el ceño, preguntándome si ahora está en mis labios—
—Vamos— dice Oliver, tomando un pañuelo de su recepcionista mientras se aleja. —Terminemos con esto. —Ha perdido parte de su buen humor anterior.
—Va a oler a trasero de bebé todo el día— susurro a Aria, disfrutando de la idea.
—Cállate— dice, dándome un codazo. Pero puedo ver su sonrisa bajo su angustia. Supongo que podemos usar todos los incidentes de vómitos de bebé que podamos tener hoy con lo que estamos a punto de afrontar.
Oliver abre una puerta delante de nosotros y espera a que entremos antes que él. Hay una gran mesa de conferencias con una pila de archivos en un extremo.
—Siéntense— dice, moviéndose para tomar la silla en la cabecera de la mesa junto a los papeles. El olor a toallitas de talco para bebés lo rodea.
Aria se sienta y le entrego a la bebé mientras dejo la bolsa a su silla. Tomo el asiento frente a ellos.
—Bien, entonces…— Oliver abre una carpeta y saca algunos papeles. —Tenemos algunos formularios para que los revise. Esta es su petición de tutela— pone una copia delante de Aria y otra delante de mí.
—Presentemos esto en el Tribunal de Familia, donde se programará una audiencia para considerar la petición—
—¿Una audiencia?— pregunta Aria.
—Si. Se les pedirá que den testimonio sobre sus razones para querer la tutela. El juez determinará si es lo mejor para la niña estar contigo en lugar de con Jeremy—
—¿Qué pasa con Jeremy?— pregunto. —¿Tiene que estar allí?—
—No necesariamente— dice Oliver, sacando otro juego de papeles. —Este es el proceso de renuncia y perdida. Si lo firma, esto es todo lo que necesitamos—
Aria y yo intercambiamos una mirada.
—¿Crees que tendrás problemas para que firme?— Oliver mira primero a Aria y luego a mí.
—¿Quién sabe?— Digo, sacudiendo la cabeza mientras me imagino a mi hermano luchando contra las sujeciones en el hospital. —Hice que lo internaran el otro día—
Oliver suspira.
—¿Y no pensaste en mencionar eso?—
—He estado ocupado—
—¿Eso nos ayudará o nos perjudicara?— pregunta Aria. De repente se ve incómoda. —No es que esté tratando de aprovecharme mientras Jeremy está mal ni nada. Solo que…— Ella no puede terminar porque las lágrimas la invaden.
Oliver y yo prácticamente nos tropezamos para consolarla.
—Hey, hey— le digo. —no llores—
Las lágrimas de las chicas siempre me han asustado sobre todo cuando vienen de mi hermana. Las lágrimas de una novia manipuladora, no tanto. Harper era una experta en llorar cuando era necesario, pero esas cosas nunca me afectaron mucho.
Oliver la sujeta del hombro.
—Escucha Aria, lo que estás haciendo, lo estás haciendo por el bien de Zoey, y eso es exactamente lo que el Estado de New York quiere para los niños que residen aquí. Un niño necesita constancia y seguridad. Zoey lo conseguirá contigo. No puede conseguirlo con un tipo que pasa la mayor parte del día ido de la cabeza, incluso si es su padre biológico—
—No estoy segura de que firme ese papel— dice Aria, expresando mis preocupaciones.
—Me aseguraré de que lo firme— digo con voz áspera. Ya me imagino esa conversación y me rompe el corazón. Laura estaría muy decepcionada de todos nosotros. No de Aria. Ella es la única inocente en todo esto, tratando de hacer lo correcto.
—Nada de coaccionarlo— advierte Oliver. —Tiene que hacerlo por su propia voluntad—
Asiento con la cabeza.
—Lo hará. Confía en mi—
Aria esconde su rostro en las mantas de Zoey y llora en silencio.
Oliver suspira y me mira.
—Es tu culpa, hombre—
—Lo sé — Trago saliva varias veces para contener el dolor.
Tengo la garganta irritada por el esfuerzo cuando salimos de su oficina con los formularios que necesitan la firma de Jeremy.