Aurora levantó una pierna con elegancia absoluta.
—Intenten seguirme.
Chase levantó su pierna. Apenas llegó a la mitad.
—Esto es físicamente imposible —soltó Chase sosteniendo la pierna que le temblaba.
—No lo es —habló una chica de cabello rubio—. Relájate y respira. Tenso solo te vas a lesionar.
Su cabello rubio recogido en un chongo perfecto, sus ojos verdes y esos pómulos definidos me parecían conocidos. Era una de las chicas en las fotografías de exhibición en el gran vestíbulo. Si mal no recuerdo creo haber leído en una de las pequeñas placas: Cairo Klokova.
Lo intenté siguiendo las indicaciones de la chica y solo sentí el crujir de mi cadera al levantar y estirar la pierna.
—¿Esto es solo el calentamiento? —Me quejé ya exhausto.
Memphis se dejó caer dramáticamente sobre la barra.
—No sabía que los futbolistas fueran tan… dramáticos —expresó la chica divertida.
—Si sobrevivo a esto quiero que quede claro en mi contrato que soy oficialmente un atleta completo.
Chase respondió algo que no logré escuchar porque una voz a mis espaldas habló.
—¿Kyle? —murmuró, Keith.
Lo observé sobre mi hombro invitándolo a hablar.
—Es ella.
—¿De qué hablas? —pregunté, confundido.
Señaló discretamente con el mentón.
—Ella. Es la chica de rehabilitación que te conté.
Gire la cabeza hacia Aurora.
¿Destino o casualidad?
La bailarina se movía con absoluta naturalidad mientras marcaba los movimientos. Sus brazos delgados mostraban cada fibra de músculo mientras se desplazaba con una elegancia imposible de imitar.
El leotardo azul resaltaba sus hombros redondos y las delicadas clavículas. Llevaba una falda de chifón del mismo tono y medias rosas que cubrían la fuerza de sus piernas.
Las zapatillas de punta golpeaban suavemente el piso de madera cada vez que caminaba.
Entendía perfectamente la obsesión de Keith.
La lesión de Aurora los había unido en un mismo tipo de dolor.
Ella parecía estar luchando constantemente por mantenerse en esa compañía, a pesar de ser una de las bailarinas estelares de La Bella Durmiente.
—¡Chicos! ¡Atención! —ordenó la profesora de Lys.
Todos nos enderezamos.
—Vamos a hacer una pequeña coreografía en parejas. La voy a explicar dos veces. No quiero escuchar a nadie hablando o los saco de mi salón. Y ya saben las consecuencias —Comenzó a asignar parejas—. Memphis con Cairo —informó la profesora de Lys— Kyle… con Aurora.
Por un momento pensé en cambiar con Keith. Pero la mirada penetrante de la profesora me convenció de quedarme callado.
Aurora se colocó a mi lado. Sus ojos cafés me observaron antes de ofrecer una pequeña sonrisa.
—Tranquilo —dijo con suavidad—. No me vas a romper.
—Para ser alguien tan pequeño y frágil… eres más fuerte de lo que pareces.
No hacía ni cinco minutos la había visto saltar con una elasticidad brutal.
—¿Eso fue un halago? —preguntó alzando una ceja.
No respondí.
Coloqué mis manos exactamente donde la profesora indicó: sobre sus costillas, no en su cintura.
Memphis parecía tener todo bajo control con Cairo. En cambio Keith y Chase parecían sufrir un poco más.
—Vamos a comenzar fácil, tendu devant, plié… —habló la profesora a la vez que marcaba los movimientos pero yo solo fruncí el ceño como si me estuviera hablando en otro idioma.
—No te preocupes —Tranquilizó Aurora— es más fácil de lo que parece.
Solté un bufido poco convencido.
—No logró comprender cómo es que hace un año te recuperabas de una fractura de tobillo y ahora recargas todo tu peso en la punta de ese pie —Expresé asombrado al recordar la poca información que Keith había contado sobre ella.
Aurora me observó curiosa.
—¿Cómo sabes que me fracturé el tobillo?
—Lo leí en una nota —mentí.
Sonrió con ironía. Moviendo sus largos y fuertes brazos con delicadeza al ritmo de la música.
—Dudo mucho que leas noticias sobre bailarinas.
Suspiré resignado, tal vez había hablado de más.
—Keith, me contó que te conocía de rehabilitación —confesé.
La bailarina observó a Keith de reojo.
—Supongo que pasa lo mismo con él y su rodilla —Apuntó a Keith que sostenía a su pareja con miedo—. Miralo… un año después tomando clases de ballet.
Solté una pequeña risa y continuamos con el ejercicio.
Las vibraciones que salían del piano convertidas en melodías llenaban el salón, mientras la clase continuaba y cada pareja intentaba llevar el ritmo de la clase.
Para cuando terminamos podía sentir el sudor correr por mi frente. Los bailarines en cambio, apenas parecían cansados.
Aurora solo tenía las mejillas ligeramente sonrojadas.
Me sentía agotado mentalmente de recitar los pasos y las cuentas musicales en mi cabeza para no perder el ritmo. Si no llegaba a tiempo para sostener a Aurora la profesora de Lys nos hacía comenzar de nuevo, una y otra vez hasta que lo hacíamos aceptable, según sus palabras.
El ballet no era una disciplina que yo hubiera considerado físicamente demandante. Pero los movimientos desconocidos y la necesidad de recordar la coreografía lo convertían en un desafío completamente distinto. Descubrí que el ballet dependía menos de la fuerza y más de la técnica, la resistencia y la constancia. Era disciplina pura.
—Si algún día necesitamos un suplente —dijo Aurora al terminar— creo que podrías hacerlo bien.
—Gracias —respondí—, pero prefiero seguir pateando balones.
Ni aunque me ofrecieran un contrato multimillonario volvería a entrar a una clase de ballet. Había sido divertido, pero hasta ahí. Mi dignidad y la de mis amigos no se negociaba.
—Si nosotros tomamos una clase de ballet —preguntó Chase mientras se quitaba las zapatillas— ¿ustedes tomarían uno de nuestros entrenamientos?
—No lo creo —respondió la profesora de Lys acercándose—. Su deporte es demasiado agresivo para la delicadeza de mis bailarines —Luego añadió con una pequeña sonrisa:— Espero verlos en el estreno de La Bella Durmiente.
Y salió del salón.
Mientras Memphis y yo volvíamos a ponernos los tenis, Saelly nos hizo algunas preguntas para cerrar el video.
—He visto peores bailarines —expresó Saelly intentando animarnos.
Memphis la fulminó con la mirada.
—Espero que ganemos un trofeo esta temporada —murmuró Memphis mientras caminábamos hacia la salida— para poder borrar este ridículo.
—Al menos uno de ustedes no la pasó tan mal —comentó señalando discretamente hacia el otro extremo del salón.
Keith platicaba tranquilamente con Aurora, incluso a la distancia podía ver algo diferente en su rostro, un destello que iluminaba todo su semblante.
Sentí una pequeña punzada en el pecho. Un recordatorio silencioso de que algo me faltaba. Durante toda la clase mi mente había estado demasiado ocupada para pensar en ella.
Pero al ver a Keith y Aurora juntos… El recuerdo regresó.