Un encuentro desagradable

2045 Palabras
Samantha una vez más cierra sus ojos, es la tercera vez que Alexander la llama en menos de una hora. Una semana aquí con él y ya la tenía completamente loca. Él parece no cansarse de hacerle la vida imposible y aunque no pareciera, ella cada vez tiene menos paciencia. Ella se pone de pie y entra a su oficina, él con sus piernas sobre la mesa y una sonrisa llena de maldad en su rostro le indica que siga. —¿Ahora qué quiere? —Quiero que mueva esa carpeta que está allí, y la ponga sobre la otra mesa —Samantha abre sus ojos y pone una mala cara. —Paciencia… Quiero paciencia por favor. —¿Qué es lo que dice mi asistente preferida? —él habla con una sonrisa sardónica. —Pido paciencia, porque estoy a punto de agarrarlo con mis propias manos y hacerlo trizas. —Eso no lo dudo, sé que muy en el fondo tiene potencial de delincuente. —Ella se acerca y golpea con las manos la mesa. —¿Usted quién se cree? —Su jefe. —No, no se equivoque: mi jefe es un hombre bondadoso y maravilloso. A diferencia de usted que es un completo idiota. —Bueno, ¿Seguirá quejándose de mí que soy su nuevo jefe o me obedecerá? —¿Usted me acaba de llamar para mover una carpeta que puede hacerlo usted mismo? ¿Acaso es inútil que no puede hacer algo tan sencillo? Alexander se puso de pie, rodea la mesa llegando frente a ella. Samantha pone su cuerpo hacia atrás cuando lo siente demasiado cerca. —Si yo quiero llamarla para que limpie mis pies, pues lo tendrá que hacer. Porque da la casualidad que usted es mi asistente, y no solo eso, usted dice que es perfecta, entonces ¿puede hacerlo o no? —él mueve un mechón del cabello de Samantha hacia atrás, de inmediato ella le quita la mano y se escabulle de sus garras. —Usted no va a lograr nada, ¿Cree que me voy a aburrir? Déjeme decirle que no, no me voy a ir de la empresa, no le voy a dar el gusto. Ella le da una sonrisa falsa, camina y hace exactamente lo que él le pidió. Luego mueve sus manos y sale de la oficina. Alexander comienza a reír, «estoy seguro que no aguantará más de una semana conmigo» Samantha afuera, recuesta su espalda contra la pared. Parpadea rápidamente para evitar que el llanto por la frustración se haga presente. —¿Te encuentras bien Sam? —ella se mueve al ver que Jonathan la está observando con una sonrisa encantadora —Eh sí, tan solo estaba pensando cosas. —Dime por favor que mi hermano no te está saturando, me sentiría completamente mal si no te sientes bien con esto. —¿Te sentirías mal si yo no me siento bien? —Obvio, eres muy importante para mí. —Samantha pone una sonrisa estúpida en su rostro—. Tengo una reunión importante con unos clientes, sé que siempre me acompañas, pero no soy capaz de dejar a Alexander solo. Sam necesito que por favor te quedes aquí con él, mientras que se acostumbra a todo esto de la oficina, por favor. —Jonathan junta sus manos en forma de súplica. —Está bien, haré lo que me pidas Jonathan. Samantha continúa con su trabajo, pero esta vez no es llamada por Alexander ni una sola vez… la razón, unas mujeres muy hermosas altas y esbeltas entraron a esa oficina y simplemente no salieron. Los gemidos provenientes de su oficina, eran abrumadores. Era claro que él era un sinvergüenza. Alexander abre la puerta de la oficina y despide a sus amigas con un beso en la mejilla, le da una mirada a Samantha y continúa con lo suyo. Ella se pone de pie para poder servirse un café hasta que la voz de otra mujer llama su atención. —Vengo buscando a Alexander —Samantha rueda sus ojos, una más a la lista—. ¿Eres tú su secretaria? Ella se gira pero su sonrisa se borra cuando conoce a aquella chica, una de sus compañeras de universidad, la que más le hizo la vida imposible —Samantha ¿Eres tú? —Sí, en efecto soy yo. ¿Qué haces aquí? —Vine a saludar a Alex. —¿Son novios? —No. Ya quisiera pero él no es de tener novia. Digamos que vine a tener una conversación privada con él. —Oh que bien, pero él acaba de salir. Si quieres puedo decirle que te llame. —No te preocupes, puedo esperarlo —ella dice guiñando su ojo. Samantha toma el café y se dirige de nuevo hasta su escritorio, sin embargo, se siente lo suficientemente incómoda para poder trabajar. Aquella chica no para de mirarla. —¿Y te casaste? —ella le cuestiona, Samantha rueda sus ojos. —Sí, tengo una familia maravillosa —ella miente. —No puedo creerlo, pensé que continuarías llorando por Alan. Pero no quien se iba a imaginar que alguien se podría enamorar de ti. —Sí, es difícil creer que una mujer como yo, así de espectacular tenga un hombre maravilloso al lado, aunque en realidad es más difícil creer que tú te hayas metido con mi novio en ese entonces. —Sam, sin rencor. Ya somos adultas y entendemos que lo que sucedió esa vez fue cosa de adolescentes, aquí entre tú y yo seamos sinceras Alan nunca te tomo en serio es que si analizas bien, que vergüenza donde él hubiese seguido contigo. —Sí, tengo que ir conmigo le hubiera dañado totalmente la imagen —Samantha traga saliva, sin duda alguna ese es uno de los tragos más amargos de su vida. —Lo único bueno es que has comprendido a la perfección que tu no debes tener los estándares tan altos, porque debiste siempre buscar a alguien que se acomode a ti. —Samantha presiona el lapicero que tiene en sus manos. «No la acabo con mis propias manos, porque sé que Jonathan me echaría de aquí» pensó Samantha. —Bueno, es muy cierto siempre debí buscar a alguien que se acomodara mí, alguien inteligente, precioso, simpático y gracioso. Al menos yo sí encontré alguien así, no como tú que jamás vas a encontrar a alguien tan cerrado, hueco y superficial. —Aquella se pone de pie y se acerca a Samantha. —Querida, noto cierto grado de resentimiento en tu tono de voz. —¿Si? Yo noto cierto grado de falta de inteligencia en el tuyo, pero por respeto no te lo digo. —Samantha se pone de pie—. Debo seguir trabajando, lamento no poder seguir charlando contigo. —Sam, digo lo mismo. Lamento no poder charlar contigo, para que veas que todo quedó en el pasado quiero hacerte una invitación a ti y a tu esposo. —Samantha abre sus ojos, siempre metiendo la pata con sus verdades alteradas—. En dos semanas vamos a hacer el reencuentro de nuestro grupo, como tú y yo compartimos muchas cosas, quiero decir que estás súper invitada. —No gracias, jamás volvería a encontrarme con ustedes. —¿Te da miedo verte con Alan? ¿No me digas que sigue significando algo para ti? —Obvio que no, que mi esposo es un hombre muy ocupado y no sé si estará disponible para ese momento. —Querida, por eso te estoy avisando con dos semanas de anterioridad. Estoy segura todos nos dará mucha curiosidad conocer a tu media sandía. A menos de que en realidad no exista porque sigas llorando por Alan. —Ella esboza una sonrisa—. Estoy completamente segura que a Alan, le dará mucho gusto verte. —Cuenta con nosotros, estaremos allí y te darás cuenta lo enamorados que estamos. En ese momento la atención se corta porque Alexander abre la puerta de su oficina, aquella chica corrió hacia él y le dio un beso en la mejilla. Alexander pone sus ojos en blanco y se separa de ella. —Samantha, necesito por favor los estudios de mercadeo que dejó mi hermano —él ordena. —¿Me vas a invitar a tu oficina? —ella le dice mordiéndole la oreja, Samantha hace un gesto de asco. —No puedo, mi hermano necesita una información importante y tengo que enviarla. —Yo te puedo ayudar y luego continuamos con lo que no terminamos haciendo la vez pasada en el carro —ella susurra. —Preciosa, te acabo de decir que no puedo. Entre tú y mi hermano, claramente es más importante mi hermano. Quieres puedes venir mañana —él acaricia la mejilla de ella. Samantha comenzó a reírse discretamente, Alex se da cuenta de una vez la llama—. Samantha, ¿los documentos ya están listos? —Sí jefe. —Ella mueve sus caderas y entra hasta la oficina de él. Alex le guiña el ojo a aquella chica y le pide que se retire. Samantha en la oficina empezó a reírse, como siempre esa víbora quería ganar en todo, pero era bueno que de vez en cuando alguien le diera un poco de su propia medicina. —¿Qué es lo gracioso? —Samantha se sobresalta al escuchar la voz de Alex detrás de ella. —No, nada. ¿Acaso hay algo gracioso? —No lo sé, cuando salí estaban discutiendo y ahora se está riendo y creo que es de ella. Samantha le voy a advertir algo, mis amigas son muy importantes para mí, no quiero comentarios de ellas y mucho menos que usted las haga sentir incómodas. —Wow, me imagino que eso es muy importante es que hasta las hace gemir de emoción —ella dice, él pone una mala cara y estira su mano para que ella entregue los documentos. —En verdad no entiendo como es que mi hermano la tiene catalogada como la más eficiente. Puede retirarse. Samantha hace una venia y luego sale de allí, al volver a su escritorio, se da cuenta que aquella chica dejó una nota con la dirección en donde sería el reencuentro de estudiantes. “Espero que queremos cautivados cuando conozcamos al hombre que se atrevió a enamorarse de ti” Samantha hizo una mueca, pero de inmediato aterrizó. —¿A qué esposo voy a mostrar? Si no tengo esposo —ella se habló—. Esto te pasa por siempre comportarte de esta manera impulsiva. ¿Qué te costaba evitar seguirle la corriente? Samantha sonríe, puede que aún no esté casada, pero posiblemente en dos semanas ya tenga el hombre de sus sueños a su lado. Samantha sirvió una taza de café y le puso dos de azúcar, tocó la puerta de la oficina de Alex dos veces y entró, él estaba llenando algo en su computadora con los documentos que ella había acabado de dejar. Ella suavemente puso la taza de café allí a su lado y colocó sus manos atrás mientras movía sus pies insistentemente. Alexander bajó la mirada al café y luego la miró a ella. —¿Tiene veneno? —ella negó—. ¿Entonces por qué me trajo café sin pedirlo? —Porque descubrí que usted es el mejor jefe que tengo. —Alexander echó a su cuerpo para atrás recostado en la silla y cruzó sus brazos. —¿Qué quiere Samantha? Porque este cambio repentino de humor, junto a la taza de café no es nada normal. —Acaso no puedo consentir a mi jefe en turno. Entiendo que me he portado muy mal, me he comportado como la peor empleada de esta empresa, solo quiero reparar lo que he hecho. —Aja, no le creo. es que su rostro grita a leguas que está mintiendo. Aunque no lo creas estos días he aprendido a conocerla y puedo identificar cuando le incomoda algo, cuando le molesta algo o cuando busca algo. Hablé de una vez porque no tengo tiempo para perder. Samantha movió la silla y luego colocó sus manos en modo de súplica. —Quiero que me ayude a enamorar a Jonathan, pero necesito enamorarlo en menos de dos semanas.
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