Una sonora carcajada salió de Alexander, Samantha puso su cuerpo hacia atrás, sintiéndose indignada. Él simuló que estaba limpiando sus lágrimas, mientras que no paraba de reír.
—Debo decir que me hizo el día, muy buen chiste. Puede llevarse su café que posiblemente esté envenenado y seguir trabajando.
—No es un chiste, hablo en serio. —Él se acerca y pone sus codos sobre la mesa—. Necesito enamorar a Jonathan y tengo como enemigo principal el tiempo.
—A ver, vamos por partes: Lo primero es que no puedo hacer nada en cuanto a los sentimientos de mi hermano, segundo ¿por qué tendría que ayudarla? y tercero y no menos importante, ¿si usted no ha logrado enamorarlo en tanto tiempo qué le hace pensar que lo enamorará en días?
—Sé que no es fácil, pero usted es un mujeriego, sin ofender. Usted sabe la manera de entrarle a las personas, sabe como conquistar, me puede dar uno que otro tip y yo me encargo de lo otro.
—¿Solo es eso lo que necesita? —Ella asiente con una sonrisa.
—Sí, es solo eso. Necesito que me diga que puedo estar haciendo mal para que Jonathan en todo este tiempo no se haya dado cuenta de que en el fondo está enamorado de mí.
—Bueno, siendo así tan sencillo, algo tan fácil que lo puedo hacer en un par de horas, mi respuesta es no, un definitivo no.
—¿Cómo puede ser usted tan egoísta? ¿Por qué no puede pensar en el prójimo?
—Si pienso en el prójimo, me las imagino encima de mí, haciéndome caricias prohibidas. —Ella hace un gesto de asco.
—Por lo visto no voy a poder contar con usted ¿verdad? —él negó con la cabeza.
—No voy a participar en algo así. Si mi hermano se enamora de usted es por los encantos que tiene muy escondidos, no porque yo haya metido la mano en eso. Adicional ¿qué ganaría ayudando?
—Le voy a arreglar el carro, le aseguro que le voy a arreglar el carro y todo será con mi dinero. —Él cruzó sus brazos.
—Es que eso lo va a hacer si o si. Así que no va a ganar nada si mi hermano se enamora de usted, es más, tenerla como cuñada no me suena tan atractivo. Cuenteme algo, ¿en verdad está enamorada de él?
—Sí, demasiado. Él es el hombre de mi vida. Es tan caballeroso, tan perfecto.
—Él siempre ha sido así, si eso le hace pensar que está enamorado, se ha equivocado todo este tiempo. Samantha, ¿por qué no se lo confiesa y ya?
—Porque no tengo valor para hacerlo. Hay algo que me traumo un poco en el pasado y no puedo dar yo el primer paso, a menos que le dé un empujoncito a él y sea Jonathan quien se confiese. —Alexander cambia su rostro a uno preocupado—. Entienda que él es mi sueño.
—Bueno, supongamos que él está enamorado o que usted hace lo que quiere hacer, ¿por qué en unos días debe pasar todo eso?
—Porque la víbora que estaba allí, me invitó a un reencuentro de estudiantes y le dije que iría con mi esposo —ella comenta con una sonrisa nerviosa.
Alex queda completamente sorprendido, pero no tarda mucho en comenzar a reírse.
—No se ría, es enserio. No sé que hacer. No quiero que Alan vea que fracasé en el amor como siempre lo aseguró. —Alexander deja de reírse y la mira.
—Samantha, le daré un consejo, no debería ponerse así por Alan o por quien sea. Sencillamente no vaya a ese encuentro. El amor no es algo que se deba forzar, así que olvidelo, no pienso meterme en eso.
—Seré su esclava, puedo hacer lo me pida —Alexander levantó sus cejas y se hizo hacia atrás, para comenzar a mirarla de una manera extraña.
—No, la verdad así menos… es que no me la imagino debajo mío.
—No sea tan idiota. No estoy hablando de esa clase de esclavitud.
—Esa es la única forma de esclavitud que conozco —él responde con burla.
—Ni aunque me pagaran haría eso con usted.
—El sentimiento es mutuo. Samantha no pierda más el tiempo. No pienso hacer eso. —Ella se pone de pie.
—Perdí mi dignidad por nada… Pero algo le dejo claro, enamoraré a Jonathan y él irá conmigo para callarle la boca a esa mujer y a Alan —ella habla, más para ella que para él.
Alexander comienza a aplaudir. Ella pone las manos en su cintura y le da una mala mirada.
—Me encanta ese entusiasmo, puede usarlo desde ya si quiere.
—¿Sabe algo? no creo que sea usted el que use a las mujeres, creo que es al contrario… Las mujeres lo usan, solo por su cuerpo, porque cerebro no tiene.
Ella sale de allí lanzando la puerta con fuerza, al sentarse en su escritorio comenzó a pensar en una solución. La hora de salida se acercó, ella organizó todo y tomó sus cosas para salir.
Samantha camino hasta el paradero de autobuses, su carro tenía un daño que lo hacía permanecer un par de días donde el mecánico. Sin embargo, no contaba con la suerte de que el autobús que le servía apareciera.
Entre tanto, Alexander apagó su laptop y tomó su teléfono para ponerse en contacto con una de sus amigas. Hoy era noche de sex0 libre y eso le serviría para poder quitar tensiones en su cuerpo. Él salió con el teléfono en sus manos y vio que Sam ya había salido.
«¡Qué mujer tan rara!» Pensó.
Alex llegó hasta su carro y arrancó para el apartamento de la chica que conoció en el bar. La noche estaba perfecta para tener pasión sin pensar en el mañana, la lluvia que empezó a caer era buena señal para quedarse hasta el amanecer. No obstante, cuando llegó a la vía principal, notó que Samantha estaba allí, cubriéndose con su bolso, intentando detener cualquier vehículo que pasaba por el frente, pero con la desgracia que ninguno paraba.
Alex rodó sus ojos, se empezó a regañar por hacer lo que iba a hacer, pero no era capaz de irse y dejarla allí. Él acercó el carro a ella y bajó la ventana.
—¿Qué hace allí? —Sam lo volvió a ver y puso sus ojos en blanco.
—No se preocupe, suelo bañarme de esta manera. —Alex apagó su carro.
—Súbase, la llevaré hasta su casa. —Ella se rio.
—No gracias, no me subo al carro de los idiotas. —Alex bufó. No le costaba nada subirse, él estaba perdiendo tiempo por querer ayudarla.
—Está bien, no se suba. Siga bañándose, lo bueno es que está oscuro y solo y nadie la ve. —Sam miró a su alrededor.
—Está bien, me subo. Pero no es un favor, le pagaré. —Alex esbozó una sonrisa.
Ella se sube y le indica por donde seguir, el camino fue cargado de incomodidad, al menos para ella. Al estar frente a la casa, Samantha se pone nerviosa.
—¿Cuánto le debo?
—¿Cómo me va a pagar? —él dice, soltando el cinturón y acercándose a ella.
—Normalmente le pago a los idiotas con una descarga eléctrica o hago amputación del miem.bro.
—Debo admitir que me cae bien, sus chistes me causan gracia.
—Hablo en serio, ¿cuánto le debo?
—Acepto una copa, si quiere esa es la manera en la que me puede pagar.
—Está manejando —ella musita.
—Sí, pero también por traerla perdí una cita con una muñequita extremadamente sensual, así que para quedar a mano, me puede dar una copa. —Samantha mira a su casa y niega.
—Lo siento, pero no puedo dejarlo entrar —ella dice con nerviosismo, Alex entrecerró sus ojos.
—¡Oh, ya veo! tiene esposo y quiere a mi hermano como amante y por eso no puedo entrar. Si es por eso, tranquila yo suelo guardar muy bien los secretos. Creo que ahora si quiero entrar y mirar, la curiosidad me está llamando.
—Como se nota que usted no conoce del amor. No tengo esposo porque estoy enamorada de Jonathan.
—Entonces, deme una copa, embriágame.
—Si entra, promete no decir nada. —Él hace una mueca—. Prométalo.
—Está bien, lo prometo. La verdad a medida que pasan los segundos, me lleno de curiosidad de que esconde.
Ambos salen del carro y van a estar la casa cuando la puerta se abre, Mike se acerca a ellos.
—¡Mamá!