Sam levanta la mirada y nota la sonrisa sardónica de Alex. Ella vuelve a mirar a su acompañante y le hace señas para que la espere en segundo. Alex, quien está con aquella mujer, se mantiene lo suficientemente serio como para molestar por completo a Samantha con su presencia. —Jefe no puedo creer que nos encontramos aquí. ¡Qué gran casualidad! ¿No crees que deberías irte? has trabajado tanto, mereces terminar el día en otro lugar —ella le dice. —No lo creo y sí, es una gran casualidad. Hablemos Samantha, ahora —él ordena señalando la puerta. —¿Podrías esperar unos segundos? —ella le dice a su acompañante y jala a Alex del brazo hacia afuera. Sam se tensa por completo, esto era el colmo, esto definitivamente era reprochable. Él con su actitud estaba haciendo que Sam se saliera de qui

