Capítulo 16 Imprevistamente, un extraño sonido, como un borboteo profundo Esa noche soplaba el viento. Hacía poco que había pasado Ferragosto, y el aire comenzaba a refrescar aunque aún no había llovido. En jeans, zapatos deportivos y chaqueta, Alessandro esperaba en la plaza principal del pueblo, como había ordenado la abuela, la llegada del resto del grupo. Ese extraño verano se estaba volando, en solo tres semanas tendrían que volver a la escuela… Iba a extrañar a Gaia. Ahí estaba, llegaba en medio a los primos, radiante como siempre. —Hola —lo saludó Libero—. ¿Estás listo? Gaia le dio un beso. Llegaron al semáforo peatonal frente a la plaza de la iglesia y se tomaron de la mano. Libero aferró el poste y pronunció unas palabras mágicas. Sobre el poste aparecieron en relieve indica

