Se encontraron delante a una gran piedra con una gruesa manija de hierro que cerraba el pasadizo. Colocaron en la manija un inocente tubo de construcción que habían encontrado por ahí. Alessandro y Ercole, de un lado, y Elio y Libero, del otro, la levantaron y dejaron libre el paso. Gaia se quedó haciendo guardia, escondida detrás de los arbustos, para advertirles por teléfono si alguien bajaba detrás de ellos para sorprenderlos por la espalda. La primera en descender fue Fenele, porque el pasadizo estaba completamente oscuro. Encendió un pequeño rayo en la palma de la mano e iluminó la galería. Los demás la siguieron. El túnel desembocaba en un armario de escobas y herramientas de trabajo. Elio encendió la luz y, como había acordado, se separaron. Eso les daría más posibilidades de enc

